{"id":120,"date":"2005-04-12T14:17:39","date_gmt":"2005-04-12T12:17:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alpoma.net\/tecob\/?p=120"},"modified":"2019-10-05T10:03:20","modified_gmt":"2019-10-05T08:03:20","slug":"homenaje-a-einstein","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=120","title":{"rendered":"Homenaje a Einstein"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14104\" data-permalink=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?attachment_id=14104\" data-orig-file=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/04\/albert-einstein.jpg\" data-orig-size=\"780,1024\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"albert-einstein\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/04\/albert-einstein.jpg\" class=\"alignright size-medium wp-image-14104\" src=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/04\/albert-einstein-229x300.jpg\" alt=\"\" width=\"229\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/04\/albert-einstein-229x300.jpg 229w, https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/04\/albert-einstein-768x1008.jpg 768w, https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/04\/albert-einstein.jpg 780w\" sizes=\"auto, (max-width: 229px) 100vw, 229px\" \/>Estamos en el a\u00f1o del Quijote, eso seguro que lo sabe casi todo el mundo por estos parajes, pero poca gente sabe que, tambi\u00e9n, es el <a href=\"http:\/\/www.fisica2005.org\/view\/default.asp\">a\u00f1o de la f\u00edsica<\/a> porque hace un siglo un chaval con la cabeza muy bien amueblada inici\u00f3 una revoluci\u00f3n en nuestro mundo que todav\u00eda dura.<\/p>\n<p>As\u00ed que, en tiempos quijotescos, vaya aqu\u00ed mi peque\u00f1o homenaje hacia el maestro, Albert Einstein, en forma de art\u00edculo olvidado que duerme hace tiempo en uno de los cajones de mi archivos de papeles:<br \/>\n(Lo escrib\u00ed en 2004 pensando que el \u00aba\u00f1o de la f\u00edsica\u00bb iba a ser m\u00e1s movidito, pero como todos pueden ver casi nadie le hace caso a los temas cient\u00edficos).<\/p>\n<h3><strong>El legado de Einstein: cien a\u00f1os revolucionando el mundo<\/strong><\/h3>\n<blockquote><p>La condici\u00f3n de f\u00edsico te\u00f3rico es poco envidiable porque la naturaleza, o m\u00e1s concretamente la experimentaci\u00f3n, resulta ser un juez inexorable de su trabajo. Y adem\u00e1s un juez poco amistoso. Nunca da un \u00abs\u00ed\u00bb inequ\u00edvoco a una teor\u00eda. En los casos m\u00e1s favorables dice \u00abquiz\u00e1\u00bb; en el resto, que es la gran mayor\u00eda, responde con un lac\u00f3nico \u00abno\u00bb. Si un experimento est\u00e1 de acuerdo con una teor\u00eda, \u00e9sta recibe un \u00abquiz\u00e1\u00bb; si el experimento no est\u00e1 de acuerdo significa \u00abno\u00bb. Lo m\u00e1s probable es que todas las teor\u00edas reciban con el tiempo su \u00abno\u00bb; la mayor\u00eda de ellas, apenas acabadas de concebir.<\/p>\n<p>Albert Einstein, 1922<\/p><\/blockquote>\n<h3><strong><br \/>\nLa vida del genio<\/strong><\/h3>\n<p>Se cumplen ahora cien a\u00f1os de una revoluci\u00f3n cient\u00edfica que cambi\u00f3 para siempre la historia de la humanidad, un cambio radical en nuestra forma de entender el universo, protagonizada por un, en aquel entonces, desconocido joven, <strong>Albert Einstein<\/strong>. En el tramo final del siglo XIX muchos cient\u00edficos creyeron que la ciencia estaba llegando a su fin, cercana ya a consolidar los \u00faltimos detalles de su edificio de sabidur\u00eda. La f\u00edsica construida a partir de Newton ofrec\u00eda una imagen del universo como la de un reloj de funcionamiento impecable, cuyo m\u00e1s \u00edntimo mecanismo podr\u00eda ser accesible a la mente humana. S\u00f3lo restaba conocer las \u00faltimas piezas de la gran m\u00e1quina c\u00f3smica. Aquella sensaci\u00f3n de victoria se resum\u00eda en un estado de \u00e1nimo fundamental: ya no quedaba nada importante que descubrir en el mundo de la f\u00edsica. La arrogancia humana sufri\u00f3 en poco tiempo un serio contratiempo. <strong>Algunos experimentos con radiaciones hab\u00edan puesto de manifiesto que las cosas estaban lejos de haber sido clarificadas. El siglo XX, reci\u00e9n nacido, contempl\u00f3 una nueva revoluci\u00f3n cient\u00edfica, la m\u00e1s radical de las hasta entonces contempladas.<\/strong> Todo el edificio del saber que los cient\u00edficos decimon\u00f3nicos creyeron a punto de concluir, se tambale\u00f3. La revoluci\u00f3n lleg\u00f3 de la mano de una nueva forma de explicar la realidad. La<strong> mec\u00e1nica cu\u00e1ntica<\/strong> y la <strong>relatividad<\/strong> fueron las teor\u00edas que cambiaron el mundo. En aquella \u00e9poca de cambios una mente brill\u00f3 con luz propia por encima de todas: se trataba de Albert Einstein. Pocas veces en la historia se puede afirmar que los pensamientos de un hombre solitario, incluso insignificante, han podido dar la vuelta a toda una \u00e9poca. Einstein lo consigui\u00f3, incluso sin propon\u00e9rselo.<\/p>\n<p>La imagen m\u00e1s t\u00edpica que se suele tener del genio alem\u00e1n es la que mostr\u00f3 en su \u00e9poca de madurez. Un hombrecillo de cabellera desordenada, vestimenta ca\u00f3tica y expresi\u00f3n afable. Albert Einstein naci\u00f3 el <strong>14 de marzo de 1879<\/strong>. No se trat\u00f3 de un beb\u00e9 especialmente atractivo, todo lo contrario, pues lleg\u00f3 a la vida con la cabeza algo deforme y un cuerpo excesivamente grueso. Poco tiempo habit\u00f3 Albert en su ciudad natal, Ulm, pues su padre, Hermann, se traslad\u00f3 con toda la familia a Munich por consejo de su hermano Jakob, pasado s\u00f3lo un a\u00f1o. Los dos hermanos iniciaron en la nueva ciudad un negocio relacionado con instalaciones de gas y agua, aunque en la mente de Jakob no estaba el ser un simple mec\u00e1nico de por vida, pues como ingeniero que era deseaba por encima de todo dedicarse a algo muy nuevo, la industria de la electricidad. Por aquella \u00e9poca \u00c9dison era aclamado en todo el planeta por sus inventos, habi\u00e9ndose instalado en los Estados Unidos la primera calle iluminada con las fant\u00e1sticas bombillas el\u00e9ctricas el mismo a\u00f1o en que Albert naci\u00f3. Los hermanos Einstein entraron de lleno en el mercado el\u00e9ctrico, sobre todo con algunos inventos propios como un nuevo tipo de dinamo. En aquel creativo ambiente, viviendo en una agradable casa a las afueras de Munich, se desarroll\u00f3 la primera infancia del joven Alfred. Tambi\u00e9n all\u00ed naci\u00f3 su hermana, Marie, a la que siempre estuvo muy unido. \u00bfMostraba ya desde la m\u00e1s tierna infancia signos de genialidad? <strong>Sobre la vida de Einstein corren desde hace d\u00e9cadas t\u00f3picos poco acertados.<\/strong> Uno de ellos nos dice que fue un ni\u00f1o de aprendizaje tard\u00edo, que s\u00f3lo comenz\u00f3 a hablar a partir de los tres a\u00f1os. La realidad es algo distinta. Cierto es que no desarroll\u00f3 el habla de forma excepcionalmente r\u00e1pida pero, como puede leerse en algunas cartas de su abuela, ya se expresaba de forma curiosa y divertida desde los dos a\u00f1os de edad. Otro t\u00f3pico incierto es el que afirma el fracaso que tuvo en el colegio. Nada m\u00e1s lejos de la realidad pues, sin ser algo excepcional, siempre fue un alumno de lo m\u00e1s aplicado, obteniendo grandes calificaciones en su formaci\u00f3n de primaria.<\/p>\n<p>Su padre y su t\u00edo, los apasionados de todas las m\u00e1quinas y ciencias modernas, infundieron en el joven Albert el amor por el conocimiento, sobre todo por las matem\u00e1ticas. Por problemas familiares y econ\u00f3micos el padre del genio no pudo recibir una educaci\u00f3n lo suficientemente adecuada. Sin embargo, esta laguna la supli\u00f3 con gran aplicaci\u00f3n autodidacta y entusiasmo. Los dos hermanos siempre se encontraban trabajando entre m\u00e1quinas, a cu\u00e1l m\u00e1s extra\u00f1a, en pos de nuevas aplicaciones para la reci\u00e9n nacida industria el\u00e9ctrica. No es de extra\u00f1ar que este ambiente despertara la curiosidad del joven Albert por la naturaleza y la ciencia. Eso s\u00ed, los <strong>problemas con las figuras de autoridad<\/strong> para Einstein se iniciaron muy pronto. Con s\u00f3lo cinco a\u00f1os arroj\u00f3 una silla a la institutriz que sus padres hab\u00edan contratado para que le iniciara en la primera educaci\u00f3n. Ella se despidi\u00f3, incapaz de aguantar al remolino incontrolable que era Albert. La madre de Einstein, Pauline, era la ant\u00edtesis del padre. Si Hermann se destacaba por su exceso de calma, ella mostraba continuamente un fuerte car\u00e1cter, a veces demasiado protector, y un amor por la m\u00fasica que supo transmitir a sus hijos, ense\u00f1ando viol\u00edn a Albert y piano a Marie. Lo que m\u00e1s le gustaba de ni\u00f1o al padre de la teor\u00eda de la relatividad era la soledad, dedicado a resolver complicados juegos, como la construcci\u00f3n de torres con naipes. En un pa\u00eds donde todo lo militar despertaba pasiones, donde el patriotismo e incluso la guerra se ten\u00edan como algo heroico y deseable, aquel ni\u00f1o rebelde reaccionaba contra todo ello. Mostraba una fobia absoluta a lo que le recordara algo militar, sobre todo los desfiles, que le horrorizaban. Como toda autoridad impuesta era para \u00e9l un motivo de desgracia, no debe extra\u00f1ar que el instituto se convirtiera en una tortura. El esp\u00edritu libre einsteniano no encajaba en los centros de r\u00edgida ense\u00f1anza de la \u00e9poca, sus profesores no le aguantaban, sobre todo por su car\u00e1cter afable, alegre y sus impertinentes preguntas, en un ambiente donde hab\u00eda que estar callado y muy serio. \u00bfQu\u00e9 era eso de re\u00edrse y preguntar el porqu\u00e9 de las cosas? A las mentes cuadriculadas del profesorado les parec\u00eda m\u00e1s un payaso que alguien destinado a realizar algo de provecho en esta vida.<\/p>\n<p>Con el paso de los a\u00f1os las idealistas maquinaciones de su padre y su t\u00edo no llegaban a buen fin. Con la intenci\u00f3n de mejorar su situaci\u00f3n econ\u00f3mica, la familia Einstein se traslad\u00f3 a Italia, donde se dedicaron a la gesti\u00f3n de una f\u00e1brica en Pav\u00eda, cerca de Mil\u00e1n. Eso hizo que Albert abandonara su odiado instituto y se encerrara a\u00fan m\u00e1s en su soledad, recordando con gran odio todo lo proveniente de la belicosa Alemania,<strong> decidiendo renunciar a su nacionalidad original<\/strong>. Sin haber terminado sus estudios y viviendo en total libertad, liberado de los yugos autoritarios germanos, vivi\u00f3 sus d\u00edas m\u00e1s felices. Le\u00eda todos los libros que encontraba, escuchaba m\u00fasica y viajaba por el norte de Italia. Una existencia id\u00edlica que termin\u00f3 abruptamente por culpa del m\u00e1s poderoso de los dioses contempor\u00e1neos: el dinero. Los negocios de Hermann volvieron a caer en picado as\u00ed que Albert tuvo que buscar una v\u00eda para asegurarse el porvenir. Con gran ilusi\u00f3n decidi\u00f3 presentarse por libre al examen de ingreso para el <strong>Polit\u00e9cnico de Zurich<\/strong>. El resultado no pudo ser m\u00e1s desastroso: suspenso.<\/p>\n<p>Tras ese fracaso y aconsejado por el director del Polit\u00e9cnico, prepar\u00f3 el examen en una escuela de la poblaci\u00f3n suiza de Aarau. Einstein, de vuelta a las aulas, esper\u00f3 encontrarse otra vez con un ambiente opresivo y dictatorial. Pero la ense\u00f1anza suiza no se parec\u00eda en nada a la alemana. Para sorpresa del nuevo alumno, se respiraba un ambiente de total libertad y amor por el conocimiento, lejos de los dogmatismos intransigentes que hab\u00eda conocido en el Instituto. Fue en esa \u00e9poca durante la que comenz\u00f3 a preguntarse por la naturaleza del universo, plante\u00e1ndose algunas preguntas que a\u00f1os despu\u00e9s ser\u00edan fundamentales para su pensamiento. \u00bfC\u00f3mo ver\u00eda una onda de luz alguien que se desplazara a su misma velocidad? Extra\u00f1a cuesti\u00f3n para un chaval de apenas diecis\u00e9is a\u00f1os. Esa pregunta, que obsesion\u00f3 a Einstein durante a\u00f1os, fue el germen de la teor\u00eda especial de la relatividad. Finalmente consigui\u00f3 entrar en el Polit\u00e9cnico, lugar en el que se encontrar\u00eda con <strong>Mileva Maric<\/strong>, la que se iba a convertir en su primera mujer. Natural de Serbia, con cuatro a\u00f1os m\u00e1s que Albert y adem\u00e1s coja desde la infancia, una mujer que en nada gust\u00f3 a sus padres. Apenas finalizados sus estudios se vio obligado a mantener a su nueva familia con trabajos precarios, que encontraba a duras penas. Su padre se hallaba ya muy enfermo y el dinero escaseaba. En 1902 logr\u00f3 un empleo que, sin ser nada excepcional, s\u00ed le proporcion\u00f3 una m\u00ednima estabilidad econ\u00f3mica, a la par que mucho tiempo para pensar. Ocurri\u00f3 poco antes de su boda con Mileva y de la muerte de su padre, <strong>entr\u00f3 a trabajar en un lugar que se ha convertido en algo legendario: la Oficina de patentes de Berna<\/strong>. Revisando documentos, trabajando como administrativo, a Einstein le sobraba tiempo para pensar y, de esta forma, lleg\u00f3 el milagroso a\u00f1o de 1905.<\/p>\n<h3><strong>Un a\u00f1o milagroso<\/strong><\/h3>\n<p>Una fecha marcada con el rojo m\u00e1s brillante en todas las cronolog\u00edas de la ciencia. <strong>Aquel 1905 Einstein public\u00f3 en <em>Anales de F\u00edsica<\/em> cuatro art\u00edculos fundamentales<\/strong>. A partir de entonces su genialidad fue reconocida y los centros acad\u00e9micos le abrieron las puertas. Se le empez\u00f3 a comparar con Cop\u00e9rnico, como padre de una nueva revoluci\u00f3n cient\u00edfica y, tras confirmarse que su teor\u00eda acerca de la curvatura de la luz por la gravedad solar era cierta, durante <strong>el eclipse de Sol ocurrido en 1919<\/strong>, se convirti\u00f3 en celebridad mundial. La fiebre einsteniana lleg\u00f3 a l\u00edmites nunca vistos ni siquiera por estrellas de rock. Las madres pon\u00edan su nombre a sus beb\u00e9s, todas las ciudades se disputaban su presencia para inaugurar calles a \u00e9l dedicadas&#8230; y todo esto teniendo en cuenta que casi nadie entend\u00eda nada de lo que el genio afirmaba. Hasta tal punto esto era as\u00ed que, en 1921, durante un viaje por el Atl\u00e1ntico, el qu\u00edmico y futuro presidente de Israel Chaim Weizmann afirm\u00f3: <em>Einstein me explicaba su teor\u00eda cada d\u00eda; al llegar, yo estaba plenamente convencido de que \u00e9l la entend\u00eda<\/em>. Es casi inconcebible que en un solo a\u00f1o una persona en solitario, alejada de los centros cient\u00edficos de vanguardia, lograra el incre\u00edble m\u00e9rito de publicar aquellos tres art\u00edculos se\u00f1eros en la historia de la f\u00edsica. Muchos cient\u00edficos suspiraran s\u00f3lo por lograr uno durante su vida. El art\u00edculo que explica el efecto fotoel\u00e9ctrico sali\u00f3 el 18 de marzo y le sirvi\u00f3 para recibir el premio Nobel a\u00f1os despu\u00e9s. El que explic\u00f3 el movimiento browniano se public\u00f3 el 11 de mayo y le hizo famoso entre los cient\u00edficos. Finalmente, el 30 de junio se public\u00f3 el que conten\u00eda el germen de la teor\u00eda de la relatividad y la ecuaci\u00f3n m\u00e1s famosa de toda la historia: <strong>e = mc<sup>2<\/sup><\/strong>. Adem\u00e1s, encontr\u00f3 tiempo para publicar otro art\u00edculo adicional y su tesis doctoral.<\/p>\n<p>La fama de Einstein crec\u00eda sin medida y universidades de todo el mundo se disputaban su presencia, ofreci\u00e9ndole toda clase de contratos ventajosos. Finalmente, tras un tiempo en Alemania, fue el nuevo <strong>Instituto de Estudios Avanzados situado en Princeton<\/strong>, Estados Unidos, quien obtuvo el \u00abpremio\u00bb de tener a Albert entre sus miembros. La vida acad\u00e9mica sonre\u00eda al genio, no as\u00ed su vida sentimental. Es este el punto m\u00e1s oscuro de su vida, una regi\u00f3n casi inexplorada que fue silenciada durante d\u00e9cadas por sus bi\u00f3grafos para no da\u00f1ar la imagen preconcebida, fabricada a medida del genio cient\u00edfico. La mente solitaria de Einstein no hizo mucho caso a los asuntos personales, hay quien dice que en las cuestiones emocionales era poco menos que ciego. Muchas de las personas que vivieron con \u00e9l resultaron afectadas negativamente por su presencia. Einstein abandon\u00f3 de mala manera a su primer amor, Marie Winteler, cuando empez\u00f3 a fijarse en Mileva, aunque eso no le impidi\u00f3 que, de vez en cuando, la enviara ropa sucia para que se la lavara.<\/p>\n<p>Mileva cautiv\u00f3 a Albert gracias a su nivel intelectual, hab\u00edan estudiado juntos y sus conversaciones se centraban en temas cient\u00edficos. En 1902, antes de haber contra\u00eddo matrimonio, Mileva dio a luz una hija, <strong>Lieserl<\/strong>, que fue rechazada fr\u00edamente por el genio. Albert y Mileva nunca volvieron a hablar de aquella hija no deseada, la historia se la trag\u00f3 y jam\u00e1s se conoci\u00f3 lo que fue de ella. Con el paso de los a\u00f1os, la relaci\u00f3n del matrimonio fue desintegr\u00e1ndose, entre peleas y conflictos, la entrada en escena de otro amor de Einstein como fue su prima Elsa y unos hijos que poco importaban para mantener unido lo imposible: <strong>Hans Albert y Eduart<\/strong>. En 1919 lleg\u00f3 el momento para el divorcio y un nuevo matrimonio, esta vez con <strong>Elsa<\/strong>, quien lejos de ser un \u00abigual\u00bb intelectualmente s\u00ed aport\u00f3 algo que Einstein buscaba hac\u00eda mucho, cuidados como los de una madre. Est\u00e1 claro que el verdadero amor de Albert fue la ciencia, pero no se le puede acusar de odio a las mujeres, como algunos han dicho, sino que su forma de relaci\u00f3n con cualquier persona siempre pasaba por lo lejano, lo superficial. Einstein, aun con su car\u00e1cter extra\u00f1o, defendi\u00f3 siempre por encima de todo los derechos humanos, luchando contra las guerras y la opresi\u00f3n totalitaria. Es ir\u00f3nico que un hombre dedicado a la ciencia pura y a la paz se le considere el padre de la <strong>bomba at\u00f3mica<\/strong>. Si bien acept\u00f3 apoyar su construcci\u00f3n por los Estados Unidos antes de que los nazis lograran el mismo objetivo, se opuso con fuerza a su utilizaci\u00f3n una vez que Hitler hubo desaparecido. Una vez m\u00e1s la pol\u00edtica pudo m\u00e1s que el idealismo, y el poder us\u00f3 las nuevas armas sin escuchar los avisos de Albert y muchos otros cient\u00edficos horrorizados ante su potencial. Einstein falleci\u00f3 en 1955, pocos a\u00f1os despu\u00e9s de que se le ofreciera la presidencia del reci\u00e9n creado estado de Israel, un honor que rechaz\u00f3 humildemente.<\/p>\n<h3><strong>El legado<\/strong><\/h3>\n<p><strong>\u00bfPor qu\u00e9 cambi\u00f3 el mundo con el pensamiento de Einstein?<\/strong> La nueva visi\u00f3n del universo por \u00e9l creada hizo que se comprendiera tanto el micromundo, el reino de los \u00e1tomos y part\u00edculas subat\u00f3micas, como el macromundo, el reino de las estrellas y las galaxias. A partir de la nueva comprensi\u00f3n se ha desarrollado una tecnolog\u00eda que se utiliza hoy en todos los rincones del mundo, desde aparatos de diagnosis m\u00e9dica hasta sistemas de comunicaciones avanzadas. Son las teor\u00edas de Einstein, junto con las de la mec\u00e1nica cu\u00e1ntica, el punto de inflexi\u00f3n entre dos mundos muy diferentes, el que confiaba a ciegas en la mec\u00e1nica newtoniana y el que hoy afirma que el universo es m\u00e1s complejo de lo que siempre se pens\u00f3. En la \u00faltima etapa de su vida, Einstein dirigi\u00f3 toda su atenci\u00f3n a una obra nunca acabada: la teor\u00eda del campo unificado. Por medio de esta construcci\u00f3n mental pens\u00f3 que podr\u00eda unir todas las fuerzas de la naturaleza en un mismo marco explicativo. Nunca lo logr\u00f3, pero sus esfuerzos no fueron en vano pues actualmente las teor\u00edas de la unificaci\u00f3n constituyen uno de los campos m\u00e1s apasionantes de la f\u00edsica. Nunca se sabe, puede que quien logre finalmente la teor\u00eda de unificaci\u00f3n se convierta en el nuevo Einstein del siglo XXI.<\/p>\n<p>Sin duda, las m\u00e1s populares, y a la vez incomprendidas por el p\u00fablico en general, de las teor\u00edas einstenianas son las relatividades. En plural, s\u00ed, porque no hay s\u00f3lo una sino dos: la <strong>relatividad especial<\/strong>, que describe lo que sucede cuando se viaja a velocidades cercanas a la de la luz en el vac\u00edo y la <strong>relatividad general<\/strong>, que explica c\u00f3mo la gravedad curva el espacio. Con la teor\u00eda especial de la relatividad se desterr\u00f3 del mundo cient\u00edfico <strong>el concepto del \u00e9ter<\/strong>, una substancia imaginaria que durante siglos se utiliz\u00f3 para explicar c\u00f3mo viajaba la luz en el espacio. Tambi\u00e9n reconcili\u00f3 dos campos en lucha desde el siglo XIX, la mec\u00e1nica cl\u00e1sica y el nuevo \u00e1rea del electromagnetismo. Einstein demostr\u00f3 que la velocidad de la luz no puede ser superada, con lo que el tiempo y el espacio dejaron de ser absolutos. Los dos conceptos, tomados generalmente como algo separado, no se pod\u00edan ya concebir de forma aislada. Unidos, conforman <strong>el continuo espacio-tiempo<\/strong>, que depende de cada observador. Como la informaci\u00f3n de un suceso est\u00e1 transmitida por la luz, que tiene una velocidad l\u00edmite, un suceso simult\u00e1neo para dos espectadores no tendr\u00e1 que serlo para otro. La luz que nos llega cada noche de las estrellas que vemos en el cielo parti\u00f3 de ellas hace muchos a\u00f1os, a veces hace siglos. Es ahora cuando nos llega esa luminosidad del pasado. Algunas de esas estrellas que brillan en el cielo nocturno cada noche puede que ya no existan, murieron hace mucho, pero no nos enteraremos de ello hasta que llegue la luz de ese evento. Una estrella que muera ahora mismo y est\u00e9 situada a cien a\u00f1os luz de nosotros seguir\u00e1 brillando en nuestro cielo durante un siglo, mientras nos llega la luz que una vez parti\u00f3 de ella. S\u00f3lo al cumplirse la centuria, cuando caiga por fin a nuestro planeta su \u00faltimo rayo de luz, nuestros descendientes sabr\u00e1n que ha desaparecido.<\/p>\n<p>Por otra parte, el tiempo es relativo, depende de la velocidad de quien lo mide. Cuanto m\u00e1s r\u00e1pido se mueve un objeto, m\u00e1s \u201clento\u201d transcurre su \u00abtiempo\u00bb, algo que s\u00f3lo se observa bien si se desplaza cerca de la velocidad de la luz. Para un astronauta que viaje en una nave espacial cercana a esa velocidad, una exploraci\u00f3n que dure seg\u00fan su reloj veinte a\u00f1os habr\u00e1 supuesto en la Tierra unos doscientos setenta a\u00f1os. Sin duda es una buena manera de viajar al futuro. Finalmente se llega a <strong>la famosa ecuaci\u00f3n que relaciona la energ\u00eda con la materia <\/strong>y que dio como fruto la <strong>revoluci\u00f3n at\u00f3mica<\/strong>. Tambi\u00e9n Einstein contribuy\u00f3 al nacimiento de la otra gran teor\u00eda, la mec\u00e1nica cu\u00e1ntica, aunque a \u00e9l nunca le gust\u00f3 porque con ello termin\u00f3 el reinado del determinismo, de las cosas bien atadas, entr\u00e1ndose desde entonces en el reino de las probabilidades, de los sucesos nunca plenamente controlables.<\/p>\n<p>La teor\u00eda de la relatividad general fue el \u00faltimo gran paso en su revoluci\u00f3n. Sentado en su despacho de la Oficina de Patentes suiza, dedicando mucho tiempo a pensar en la naturaleza de las cosas, lleg\u00f3 el a\u00f1o 1907. Es entonces cuando Einstein tuvo otra de sus maravillosas ideas. Una persona que cae libremente es incapaz de sentir su peso. Este pensamiento tan simple fue la base de la segunda parte de la relatividad. Con ese principio de equivalencia se puso de manifiesto que quien est\u00e9 encerrado no puede saber si est\u00e1 detenido o viajando a velocidad constante. Ayudado en las matem\u00e1ticas por su amigo de la universidad, <strong>Marcel Grossmann<\/strong>, Albert trabaj\u00f3 en la formulaci\u00f3n de la teor\u00eda durante a\u00f1os, present\u00e1ndola finalmente en 1915 ante la Academia de Ciencias Prusiana. En la nueva exposici\u00f3n se puso de manifiesto que la masa de los objetos curva el espacio a su alrededor. Cuanto mayor es la masa de un objeto, mayor ser\u00e1 su fuerza de gravedad y por tanto m\u00e1s grande ser\u00e1 la curvatura del espacio a su alrededor, con lo que incluso la luz se ver\u00e1 desviada en sus cercan\u00edas, como sucede con las gigantescas estrellas o los inconmensurablemente pesados agujeros negros, de los que ni siquiera la luz puede escapar. <strong>La compleja formulaci\u00f3n de la relatividad general tuvo que esperar a ser confirmada en 1919 por el eclipse de Sol<\/strong>. Entonces se midi\u00f3 c\u00f3mo nuestra estrella madre curvaba la luz de estrellas lejanas en la misma cuant\u00eda prevista por la teor\u00eda. Los peri\u00f3dicos de la \u00e9poca no dudaron en calificar aquello como una de las haza\u00f1as cient\u00edficas m\u00e1s importantes de la historia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Estamos en el a\u00f1o del Quijote, eso seguro que lo sabe casi todo el mundo por estos parajes, pero poca gente sabe que, tambi\u00e9n, es el a\u00f1o de la f\u00edsica <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=120\" title=\"Homenaje a Einstein\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":1,"featured_media":11348,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[145],"class_list":["post-120","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-general","tag-albert-einstein"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/wp-content\/uploads\/2005\/04\/Albert_Einstein.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p93Dc1-1W","jetpack-related-posts":[{"id":584,"url":"https:\/\/alpoma.net\/tecob\/?p=584","url_meta":{"origin":120,"position":0},"title":"Einstein, Szilard y el taller de refrigeradores","author":"alpoma","date":"3 septiembre 2006","format":false,"excerpt":"Albert Einstein, que no necesita presentaci\u00f3n, no s\u00f3lo se dedic\u00f3 a revolucionar la f\u00edsica te\u00f3rica o a pasar un tiempo trabajando en una oficina de patentes. 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