Federico Cantero Villamil, el genial ingeniero de caminos que soñaba con helicópteros

Made in Spain | 12 diciembre 2019

Publiqué originalmente este artículo en febrero de 2014. La versión actual, de diciembre de 2019, viene a corregir y ampliar ese primer texto. Esta tarea de reforma del artículo inicial ha sido llevada a cabo gracias a la inestimable labor de Isabel Díaz de Aguilar Cantero, nieta del Ingeniero Federico Cantero Villamil*.

 

De notable se puede calificar sin duda alguna el proyecto de una presa sobre el río Duero y canal transversal, en túnel, para tener fuerza hidráulica transportable por medio de la electricidad, del distinguido ingeniero de caminos D. Federico Cantero Villamil, el cual, de realizarse, no sólo sería, como su autor manifiesta, el porvenir de Zamora, sino que puede llegar a serlo de toda la región castellana…

Madrid Científico. Número 217, 1898.

Igor Ivánovich Sikorski es considerado hoy día, y con todo merecimiento, uno de los padres de la tecnología de los helicópteros. Ciertamente, la idea de construir máquinas volantes capaces de despegar y aterrizar verticalmente, así como mantenerse estacionarias en el aire, venía de lejos. Ahora incluso tenemos aviones capaces de ese tipo de proezas, pero hasta que Sikorski logró superar los escollos técnicos, nadie había sido capaz de construir un helicóptero completamente funcional y además viable comercialmente, para las necesidades militares.

Ya Leonardo da Vinci había dibujado algunos esbozos de una máquina voladora con rotor helicoidal que, salvando las distancias, podría considerarse como un antepasado lejano del helicóptero. Naturalmente, sin un motor adecuado, todo aquello no eran sino ideas imposibles. Por eso, llegado el siglo XX, se desarrolla la tecnología adecuada. Numerosos ingenieros e inventores comenzaron a trabajar sobre este concepto. La mayor parte de los intentos terminaron en fracasos. Construir una aeronave de este tipo no es cosa de niños, como la experiencia vino a demostrar. A principios de 1922 el argentino Raúl Pateras Pescara realizó su primer vuelo controlado con una máquina volante similar a un helicóptero, aunque todavía quedaba mucho camino por recorrer para conseguir un aparato fiable, habría que esperar a que el español Juan de la Cierva lograra el éxito mundial con su autogiro, en la década de los años 20, el camino parecía allanarse poco a poco.

Mientras la tecnología de aviación avanzaba con pasos de gigante, el tema de los  helicópteros permanecía en segundo plano, como si no fuera a lograrse nunca ese toque que todavía faltaba para que se convirtiera en realidad. Muchos ingenieros dieron pasos en firme, que culminarán con las aportaciones de Sikorsky, al diseñar y construir una aeronave funcional funcional a principios de los años cuarenta. Lo que pocos sabían entonces era que, en España, años antes,  otro ingeniero ignorado, Federico Cantero Villamil, intentaba solucionar los problemas del helicóptero. Como en tantas ocasiones, el destino se empeñó en enterrar su memoria hasta épocas recientes.


El porvenir de Zamora

El caso de Federico Cantero Villamil es el de un precursor que trabajó incansablemente en diversos campos de la ingeniería con gran éxito, pero que, por desgracia, nunca logró el reconocimiento adecuado a su valía. Madrileño nacido en 1874 y fallecido en 1946, llevaba la ingeniería en la sangre, a fin de cuentas la inventiva técnica le venía de su familia pues su padre era ingeniero industrial que trabajó principalmente en el campo ferroviario.

 En septiembre de 1896 completó sus estudios de ingeniería civil,  siendo  el primero de su promoción, o como se decía entonces: Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. De su dedicación al estudio y su pasión por la ingeniería hablan no sólo sus méritos académicos, sino también su precoz visión en todo tipo de proyectos rompedores, adelantados a su tiempo. […] Una vez  acabada la carrera se traslada a Zamora, desde donde iniciaría su andadura profesional, diseñando el proyecto del Salto de San Román (1897), constituyendo la sociedad “El Porvenir de Zamora” (1898) y dirigiendo las obras del Salto iniciadas en 1899.1 Una obra técnicamente revolucionaria en su época y presentada a estas alturas del siglo XXI como paradigma en las aulas universitarias, dentro de su especialidad.

Las aguas del gran río castellano tenían un potencial hidroeléctrico enorme, lo que hoy día se da por hecho, era poco menos que una locura a principios del siglo XX. Había que domar las aguas del monstruo pero, ¿quién se atrevería a emprender semejante tarea?, el joven y osado ingeniero,  descubridor incuestionable de dicho potencial en el Duero y sus afluentes. Fruto de sus trabajos insistentes y numerosas horas de dedicación, […] llega con sus prospecciones al tramo internacional del Duero, obtiene concesiones, proyecta presas de gran altura, como la de Fermoselle, entre otras, y diseña, minuciosamente, la que ha pasado a la historiografía de las grandes obras hidráulicas como “solución española del Duero” o “Solución Ugarte”, único proyecto capaz de involucrar a los gobiernos portugueses en la construcción conjunta de grandes presas hidroeléctricas en el tramo internacional.2

En paralelo a toda esta actividad, Federico Cantero Villamil también diseñó y presentó ante el Ministerio de Fomento, en 1913, un proyecto de ferrocarril para unir Zamora con Orense,  a través de un paisaje montañoso, con una de las orografías más complicadas de España, en el que era necesario abrir numerosos túneles y así completar el tramo que faltaba para poder conectar Madrid con Galicia.  Trazado en el que se basó la línea del ferrocarril que se construiría años más tarde. Todo esto no son más que pequeñas pinceladas de lo que fue una vida de constante trabajo en el campo de la ingeniería civil que dio como fruto gran cantidad de proyectos de todo tipo. Ahora bien, la enorme capacidad de trabajo e inventiva de Don Federico era tal que su afán creativo no se limitó a las grandes obras. Ya desde la época de estudiante en la universidad, tenía la vista puesta en los cielos y, así, surgió su pasión por las máquinas voladoras.


La Libélula Española

¿Un ingeniero de Caminos interesado en el diseño de aviones? No, más todavía: ¡Helicópteros! Concepto casi maldito a principios del siglo XX, todos los intentos por lograr una aeronave de ese tipo, realmente práctica, habían fracasado. Sin embargo, el tesón de Don Federico intentó superar  los graves problemas que planteaban.

Sikorski logró el éxito, celebrado mundialmente, en los años cuarenta. Cierto es que había empleado muchos años en su helicóptero, pero lo que no sabía era que un español, Federico Cantero Villamil, aportó ingeniosas soluciones técnicas de las que apenas nadie había oído hablar. Desde 1910 hasta 1946 registra un amplio número de patentes sobre diversos aspectos aeronáuticos que ejemplifican la evolución sobresaliente de una serie de conceptos que expresaba con  cálculos matemáticos y originales ensayos. […] Ya en su primera patente de 1910 (nº 48214), pone de manifiesto que se podía conseguir sustentación y propulsión de un aparato volador mediante un sistema de alas giratorias cuya incidencia se hacía variar en su movimiento circular3. Publicó igualmente varias obras y artículos sobre aerodinámica.  También fundó un club de vuelo sin motor en La Granja de San Ildefonso (Segovia).

De acuerdo, hay mucha teoría, mucha patente e infinidad de cálculos pero, para considerarse como pionero de los helicópteros hace falta mucho más, ¿no es cierto? Por supuesto y, por ello, Don Federico, que soñaba con una libélula gigante capaz de moverse en el aire con libertad absoluta,  pasó a la acción convirtiendo sus  ideas en una aeronave  real, y así nació la sorprendente Libélula Española, un helicóptero de bello aspecto. La máquina estaba en desarrollo desde 1935. […] Los trabajos de construcción comenzaron en el año 1936 en el taller de precisión de Antonio Díaz, estando previsto en septiembre su primer arranque de motor, pero el estallido de la guerra Civil interrumpió el calendario previsto 4. El genial ingeniero se encontraba en Segovia, en plena zona nacional y  el prototipo quedó en Madrid, en zona republicana. […] Nada más acabar la guerra, en abril de 1939, empezó a reconstruir documentación desaparecida de la oficina de proyectos de Madrid, y recuperar el material perdido u ocultado con el fin de reanudar los trabajos, que se iniciaron en 1940,5 con mejoras registradas en la patente del 26 de junio de ese mismo año.

Gráficos de la patente española ES0164204, de Federico Cantero Villamil. OEPM. (Pincha en la imagen para ampliar).

Todo ese esfuerzo de décadas y escaso presupuesto, tuvieron como resultado dos prototipos; el primero, dotado con dos rotores superpuestos contrarrotatorios (1941) y el segundo, en el que suprime uno de los rotores coaxiales e instala el rotor de cola (1943). Las pruebas se realizaron en el aeródromo de Cuatro Vientos. Nunca dejó de perfeccionar su libélula. El 25 de enero de 1946, el mismo año en que fallece, […] patenta un sistema de mandos agrupados para el control de las aeronaves de alas giratorias (nº 172328) con el fin de facilitar la tarea del piloto. Es bastante verosímil pensar que todos estos desarrollos estuvieran acompañados de ensayos en vuelo con lo que La Libélula Española habría sido el primer helicóptero de proyecto y construcción española que habría volado. La dificultad para comprobar ésto procede también de la situación de la Aeronáutica española en aquellos años siguientes a nuestra Guerra Civil 6. Se perdió la documentación y el helicóptero desapareció sin dejar rastro. Sikorski comenzó sus primeros vuelos exitosos con su máquina en los Estados Unidos en 1939, preludio de lo que pocos años después serían modelos comerciales de helicópteros que le hicieron famoso y rico. […] La realidad es que el desarrollo del helicóptero de Federico Cantero Villamil sufrió los avatares a los que estuvo sometida la historia de España en las décadas de los años 30 y 40. Sin estas circunstancias es muy posible que el prototipo hubiera volado antes que el VS-300 de Igor Sikorsky 7.

Todo quedó sumido en el más desafortunado de los olvidos hasta que, llegado el siglo XXI, la familia recogió el testigo de su legado y bajo los auspicios de su hija Conchita Cantero García-Arenal, se inició un proyecto de recuperación, valoración y divulgación de su trabajo con una publicación biográfica en el 2006,  que no puedo menos que recomendar vivamente, acerca de la figura de Federico Cantero Villamil, escrito por Federico Suárez Caballero 8.

Trece años más tarde el proyecto sigue vivo, tal y como lo demuestran los múltiples eventos a nivel nacional e internacional, así como presentaciones de libros, nuevas publicaciones, congresos, exposiciones, programas en radio, etc.


Imagen de cabeceraLa Libélula Española. Fuente: Archivo Concepción Cantero García-Arenal                   

1“Del Duero a “La Libélula Española”, Suárez Caballero, Federico. Federico Cantero Villamil. 1874-1946. Un ingeniero de Caminos en la vanguardia de su tiempo. Madrid. Centro de Publicaciones del Ministerio de Fomento. 2017

2Cita de Suárez Caballero, Federico enUna Libélula pionera”, Recio Díaz, Juan Luis. Blog El buen vivir. 21 diciembre 2006.

3, 6, 7“EL inventor de la Libélula”, López Ruiz, José Luis. Canarias 7. 8 diciembre 2004.

4, 5“La vertiente aeronáutica de un ingeniero de Caminos”, González Cascón, Álvaro. Federico Cantero Villamil. 1874-1946. Un ingeniero de Caminos en la vanguardia de su tiempo. Madrid. Centro de Publicaciones del Ministerio de Fomento. 2017

8 Federico Cantero Villamil. Crónica de una voluntad. El hombre, el inventor; Suarez Caballero, Federico. Madrid. Art & Press. 2006

*Isabel Díaz de Aguilar Cantero, nieta del Ingeniero Federico Cantero Villamil. Investigadora, documentalista y coordinadora del “Proyecto de recuperación, valoración y divulgación de la obra del ingeniero Federico Cantero Villamil (1874-1946)“. Uno de los objetivos de dicho proyecto es contactar con investigadores, ingenieros e historiadores que estén especializados en historia empresarial, ingeniería civil e ingeniería aeronáutica.