El coche atómico

Más propio hubiera sido llamarlo “coche nuclear”, pero prendió mucho más el mote de “coche atómico”. Típico hijo de la época, cuando prácticamente a cualquier cosa se le pensaba instalar un reactor de fisión nuclear, el Ford Nucleon no podía quedarse atrás. Naturalmente, el monstruo “atómico” sobre ruedas no se fabricó nunca en serie, a pesar de que algunos ejecutivos de la Ford soñaron con un mundo lleno de coches nucleares que repostaran cada mucho tiempo y, así, se olvidara de una vez por todas el problema de la autonomía. Este icono de la era atómica, nacido como proyecto en 1958, no pasó de los primeros estudios. Me hubiera gustado que, por lo menos, hubieran producido uno completo, aunque fuera solo por ver el microreactor y el sistema de conversión que hubiera alimentado la planta motriz eléctrica. Una verdadera delicia tecnológica que, afortunadamente, no se extendió por el planeta. ¿Alguien se imagina una autopista repleta de vehículos nucleares? Da susto pensarlo…

Ford Nucleon

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