Sonido mortal

infrasonidosEs muy común, en obras cómicas, representar a una cantante de ópera, invariablemente oronda, cantando a toda potencia en un lugar donde abundan los ventanales o las copas de cristal que, como no podía ser de otra forma, terminan estallando ante la impetuosidad de las ondas sonoras. Más allá de la mera anécdota, hay quien se ha inspirado en semejante fenómeno para, lejos de idear un escenario de broma, encaminar al sonido a los campos de la guerra.

Se trata del esfuerzo que, durante décadas, se ha realizado para el desarrollo de armas sónicas. El sonido se ha empleado durante mucho tiempo en el campo de batalla y en la guerra psicológica. En las trincheras se han utilizado grandes altavoces para enviar mensajes desmoralizadores al bando contrario. Es célebre el “auxilio” que la música rock, a volumen brutal, ha prestado en salas de tortura o en campo abierto, como cuando los agentes de la ATF bombardearon día y noche con música el rancho de los davidianos, donde se hallaba atrincherado David Koresh, en Waco.

Forzando un poco más la situación, el sonido podría emplearse como verdadera arma de guerra. El sueño de muchos militares ha sido, durante décadas, el poder utilizar un arma devastadora, barata, sin “contraindicaciones”, portable y hasta elegante. Aquí es donde entran en juego las armas sónicas que son, han sido y, al parecer… serán. Este tipo de armas utilizan el sonido de diferentes formas, muchas veces recurriendo, también, a los ultrasonidos, ondas acústicas con una frecuencia no audible por los humanos. Las armas que de estas ondas se sirven, han sido propuestas como sistema para incapacitar al enemigo e, incluso, matarlo. Hay todo un catálogo de armas sónicas, desde granadas a minas de sonido a cañones sónicos, formando muchas de ellas parte de eso que llama, en este mundo de lo politicamente correcto, como armas no letales.

¿Cómo podría afectarnos el ataque de un arma capaz de emitir sonidos o ultrasonidos dañinos? Por medio de todo un catálogo de “maldades”, a saber, la rotura del tímpano, daños en las estructuras del oído, generación de daños en órganos internos por hemorragias, causando miedo y desorientación… Todavía no se han utilizado mucho, a excepción de en la imaginación de escritores de ciencia ficción. Sin embargo, sí se conoce su empleo en guerra submarina, por medio de la emisión de potentes ráfagas sónar capaces de desorientar a posibles hombres rana saboteadores e, igualmente, se han realizado pruebas limitadas para “contener” multitudes. Básicamente, el principio de su funcionamiento es muy simple. Se sabe que determinadas frecuencias sónicas pueden hacer “resonar” diversos tejidos humanos, causando trastornos variados. Se puede modificar la visión haciendo que vibren los globos oculares o se puede entorpecer la audición, por medio de la emisión de conjuntos de frecuencias muy estudiados, muchas veces con combinaciones de infrasonidos. Son, precisamente, los infrasonidos, algo fascinante. Armas sónicas de este tipo, emitiendo ráfagas infrasonoras cercanas a los 7 Hz, pueden llegar a hacer resonar materiales hasta dañarlos, como por ejemplo, los órganos internos de un ser humano. De momento no son más que ideas y prototipos, pero puede que en un futuro cercano, las armas sónicas sean una triste realidad.

Imagen: infrasonidos de origen geológico.

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