La aventura del “Pájaro amarillo” y el primer polizón aéreo

En plena época de grandes gestas aeronáuticas, tres aviadores franceses deciden volar en su “Pájaro amarillo” desde Estados Unidos hasta Francia. Tras muchas aventuras, se convertirán en la cuarta tripulación que logre cruzar el “charco” del Atlántico, además de ser los primeros europeos en hacerlo (y, también, fueron los primeros en volar desde América a España, aunque por accidente). En esta ocasión las cosas no salieron como se había planificado. Aterrizaron en un lugar y un país que no estaban previstos y, además, voló con ellos un invitado inesperado. Esta es su historia…

Tripulación del Pájaro amarillo. Fuente: Aérea, agosto de 1929.

La regata aérea y un cocodrilo para Mussolini

En algunos periódicos llamaron “regata aérea transatlántica” a la reunión de dos aviones aventureros 1, destinados a volar sobre las aguas del Atlántico desde Norteamérica a Europa. El lugar de partida, la playa de Old Orchard, en Maine (Estados Unidos), un lugar turístico en el que se dieron cita dos aviones singulares.

Bien, nos situamos el día de San Antonio de 1929, esto es, el 13 de junio. Después de muchos preparativos, el avión Green Flash (rayo o destello verde, un aparato derivado del Bellanca J), se enfrenta al L´Oiseau Canari (el Pájaro amarillo, un monoplano francés adaptado del Bernard-Hubert 190T).

No era un enfrentamiento real, más bien una competición amistosa. El avión estadounidense Green Flash, tripulado por Roger Q. Williams y Lewis Alonzo Yancey pretendía volar desde la playa americana hasta Roma. Por otro lado, el avión francés tripulado por Jean Assolant, Rene Lefèvre y Armando Lotti, tenía como destino París. Todos ellos seguían manteniendo viva la llama del reto Atlántico, a pesar de que, ni mucho menos, eran los primeros en hacerlo. Sin embargo, desde que Lindbergh había volado entre Estados Unidos y Francia en 1927 (otros volaron sobre el Atlántico antes, pero él fue el más mediático y fue el primero en conseguirlo sin escalas de oeste a este entre extremos continentales), muchos otros se animaron a continuar con el reto.

El Pájaro amarillo a su salida de los Estados Unidos. Fuente: Heraldo deportivo, 5 de julio de 1929.

Volvamos a aquel 13 de junio del 29, con numeroso público en la playa. No era la primera vez que el Green Flash lo intentaba y, en esa ocasión… tampoco lo logró. Ni siquiera despegó, pues las irregularidades de la pista hicieron que volcara y se dañara seriamente. Este vídeo de British Pathé nos muestra cómo terminó su aventura.

Aunque el viaje del Green Flash terminó ahí, no tardaron mucho Williams y Yancey en volver a intentarlo. Fue en julio de 1929, cuando partiendo desde el mismo lugar, volaron en el Pathfinder hasta Roma, donde fueron recibidos como héroes. Eso sí, tuvieron que hacer escala de emergencia en Santander2.

Como dato curioso, cabe mencionar que, además de los dos pilotos, el Green Flash llevaba un pasajero singular, del que desconozco su destino. En su intento de vuelo anterior, de finales del mes de mayo, el avión acogió a una cría de cocodrilo, que viajaba a Roma como regalo para Benito Mussolini (hay que recordar que, por entonces, tanto Mussolini, como más tarde Hitler, tenían bastante buena prensa y eran vistos con fascinación por muchas personas en Estados Unidos). El cocodrilo iba a volar “empaquetado entre algodones y dentro de una caja de cartón”3.

El pasajero que nadie esperaba y un aterrizaje en España

Vamos con la historia del Pájaro amarillo, que fue llamado así porque, cómo no, estaba pintado de amarillo (y no al revés). Diseñado por el ingeniero Jean Hubert, de la Société des Avions Bernard, partió de la mencionada playa americana aquel 13 de junio del 29 a las 10 hora local, con destino París. Todo estaba pensado con sumo cuidado: la carga de combustible, el peso de los equipajes, raciones y elementos de emergencia… ¡todo estaba calculado con esmero para poder llegar al destino pensado sin problemas! Vale, todo eso hubiera sido ideal si no fuera porque al poco de estar volando sufrieron un susto de cuidado. Mientras el avión estaba en la playa, muchos lugareños habían ayudado a colocar el aparato en su posición adecuada para despegar. Lo que nadie sabía era que un chaval aventurero y alocado, un tal Arthur Schreiber, había aprovechado el lío en tierra para colarse en el Pájaro amarillo. Mientras estaban volando, no mucho tiempo después de partir, el ingenuo de Schreiber emergió del área trasera de carga del avión, entre las coberturas de tela que cubrían los pertrechos y se acercó a cabina gritando… ¡estoy aquí! (Here I am!).

Imaginemos la situación, porque no tiene precio. El tipo aparece por detrás y les pega un susto de muerte. Se convierte así en el primer polizón aéreo documentado y, cómo no, la cosa se pone fea. Tras los primeros instantes de enfado y tensión (seguro que pensaron seriamente lanzar al mar al tal Arthur), descubrieron que la broma era muy peligrosa. El peso adicional del nuevo pasajero (sesenta y pico kilos) hizo que la tripulación tuviera que volver a calcular las cargas: tiraron al mar algunas bolsas de correo, parte del equipaje y hasta el champán que llevaban para celebrar su aventura. Todo para compensar el peso adicional, además, se obligó a firmar en vuelo una declaración al polizón en la que renunciaba a cualquier derecho de las posibles publicaciones derivadas de aquella aventura.

Por fortuna, no pensaron en deshacerse de la mascota del vuelo4, que también era un pequeño cocodrilo, o caimán, según la fuente que se consulte (desconozco de dónde venía la manía de usar crías de cocodrilo o caimán de aquella manera). El Pájaro amarillo voló toda la noche en dirección este, lamentablemente encontraron mal tiempo sobre el océano, por lo que tuvieron que modificar el rumbo hacia el sudeste con relación a su ruta original. Pensaron aterrizar en las Azores, pero una súbita mejora del tiempo les hizo cambiar de nuevo su ruta, pensando que ya no había más problemas hasta llegar a Francia. Finalmente, entre los problemas derivados de la presencia del polizón y los propios de la meteorología, terminaron por aterrizar hacia las ocho de la tarde del día 14 de junio en un lugar que no esperaban: la playa española de Oyambre, en Cantabria, cerca de Comillas.

El Pájaro amarillo en la playa de Oyambre. Fuente: Mundo Gráfico, 19 de junio de 1929.

Otra imagen del Pájaro amarillo en la playa de Oyambre. Fuente: Mundo Gráfico, 19 de junio de 1929.

De izquierda a derecha: Lefèvre, Lotti y el polizón en la playa de Oyambre. Fuente: Mundo Gráfico, 19 de junio de 1929.

Pronto la playa se llenó de curiosos. Assolant, Lefèvre, Lotti y el polizón, después de casi treinta horas de vuelo y unos 6.000 kilómetros recorridos, se encontraron con una acogida que no esperaban. El vuelo se había torcido, la tripulación había encontrado una fuerte tormenta cerca ya de tierra continental que había desviado el aparato hasta el norte de España. Intentaron no romper con su ruta inicial, pero al ascender para tratar de sortear la tormenta, se habían encontrado con temperaturas gélidas. Total, ante algo así no les quedó más remedio que buscar con prisas un lugar adecuado para descender sin peligro antes de quedarse sin combustible5. Vale, no era lo ideal, pero no estaba nada mal, porque las cosas podían haber terminado mucho peor. Tal y como narraba El Heraldo de Madrid en su edición del sábado 15 de junio de 1929:


A las ocho de la noche aterrizó en la playa de Oyambre el avión “Pájaro amarillo”. (…) El vecindario de Comillas acudió presuroso a prestar auxilio a los aviadores. Estos descendieron del aparato y manifestaron que se habían visto obligados a aterrizar por falta de gasolina. Acompañados de las autoridades y el vecindario, que aclamó a los aviadores, se dirigieron en un automóvil a la fonda La Montañesa, donde se hospedaron. El aparato quedó custodiado por fuerzas de Carabineros y de la Guardia Civil de la villa, que prestan servicio en la playa. Con los dos pilotos venía un mecánico y un chico que al despegar el aparato se había colado en la cabina, haciendo el viaje con los aviadores, que se manifestaron muy sorprendidos por la presencia de aquel inesperado compañero de viaje. Un grupo de señoritas comillanas obsequió a los aviadores con ramos de flores, y éstos correspondieron dedicando autógrafos. Los aviadores son muy atendidos y agasajados por las autoridades y el vecindario. (…) También ha sufrido el avión la rotura de una pieza. Los aviadores se dirigieron a la Administración de Correos, donde depositaron varios paquetes de cartas que llevaban a París, con el fin de que sigan su destino. Como mascota llevan un pequeño caimán vivo.

Desde Comillas hablaron con el gobernador civil y con el general Saliquet, a los que pidieron que les faciliten gasolina y una pieza para sustituir la averiada en el motor. El gobernador civil ha hablado extensamente con ellos y se dispone a facilitarles cuanto necesiten. En este momento los aviadores están cenando en la fonda, acompañados de las autoridades y el numeroso público estacionado antes la fonda aclamando a los tripulantes. Tienen el propósito de reanudar el vuelo mañana al mediodía si no se lo impide la pequeña avería del avión.


Arthur Schreiber, el alocado polizón

Mientras eso sucedía en Cantabria, estaban ya preparando un gran espectáculo para recibir a los nuevos héroes franceses en el aeropuerto parisino de Le Bourget. La fiesta estaba preparada ya para la hora prevista de llegada, pero el aviso del contratiempo y de la escala en España hizo que la celebración se retrasara unos días. Entre tanto, en Comillas se lucía un nuevo héroe: el polizón. Todo el mundo estaba fascinado con el chaval norteamericano de unos veinte años que se había colado en el avión. Siguiendo con la mencionada crónica, los periodistas tuvieron la oportunidad de entrevistarlo. Al parecer, su obsesión por volar venía de sus lecturas sobre héroes del cielo que aparecían en los periódicos americanos…


—¿Tanto deseo tenía usted de hacer un vuelo como este?
—Estaba loco porque se me presentase una ocasión de poder realizarlo; pero ya comprenderá usted que al mismo tiempo me daba cuenta de la imposibilidad de llevarlo a cabo quien, como yo, no es aviador.
—Sí; no hubiese cabido más que comprar un aparato y pagar a un piloto…
—Exacto, pero yo no tenía, no tengo dinero para semejante cosa, y en calidad de simple ciudadano americano ya me daba cuenta de que era irrealizable la aventura…
—Entonces…
—No desistí por ello de poder volar como quería, descontando que ningún aviador me iba a conceder la gracia de aceptarme como pasajero.
—¿Esto también lo suponía usted?
—No, no —nos ha respondido con vehemencia—; lo sabía seguro; se lo he pedido a todos los que han intentado la travesía… Por eso me he escondido en el “Pájaro amarillo”. ¡Y he dado el salto a Europa!

Y al decir esto, el simpático polizón se exalta, la cara radiante, gesticula y se mueve nervioso de contento. Caso estamos a punto de decir que apenas le falta para romper un zapateado de júbilo. Preguntamos al polizón si no se había dado cuenta del peligro en que había puesto a los aviadores, y nos contesta que él no pensaba más que en la gloria. Estaba obsesionado por la proeza de Lindbergh, y como él no era piloto y por sus propios medios no podía conseguir su anhelo, había optado por este procedimiento. Añade que es la primera vez que ha volado en su vida. Nos dice que es actor de profesión y que ha trabajado en varios teatros de América.

Por su parte, el aviador Lotti nos dice que este polizón es un muchacho de gran imaginación, pues a ellos les ha dicho que era empleado de una oficina. Agrega que no ha sido nada valiente durante el vuelo. Preguntamos a Lotti si piensa continuar con el polizón el viaje y nos contesta que llegarán con él a París, porque dejarle aquí sin dinero y sin conocer el idioma sería tanto como si le hubieran arrojado al Atlántico…


Estoy seguro que se les pasó por la cabeza tirarlo al mar, de eso no hay duda, y no era para menos. El chico había puesto en peligro no sólo la aventura como tal, sino sus vidas. Los aviadores aseguraron que, con gran seguridad, si no hubiera sido por la presencia del polizón, hubieran podido realizar la ruta original como habían pensado. Ah, por cierto, según recogen las crónicas, lo que el extraño polizón, vestido con un chaquetón de cuero al modo de un “aviador”, hizo nada más llegar a Comillas, tras ser llevado en hombros por algunos vecinos, fue pillarse una “castaña monumental”.

El polizón, Arthur Schreiber. Fuente: Mundo Gráfico, 19 de junio de 1929.

El monoplano amarillo, que mostraba en su fuselaje una bandera francesa pintada diagonalmente en la cabina y varias siluetas de cigüeñas en vuelo, fue reparado al día siguiente, cargado con el combustible necesario para llegar a territorio francés y puesto a prueba. El motor Hispano Suiza se portó con extrema fiabilidad, era una máquina maravillosa. El 16 de junio el avión, su tripulación y el polizón, volaron hacia Francia, con escala en Mimizan, donde recargó combustible. Finalmente llegaron como hérores a Le Bourget al día siguiente.

Fotografía de la ceremonia en la que aparece el tripulante Lotti, invitado a la inauguración del monumento levantado en la playa de Oyambre en recuerdo de la llegada del “Pájaro amarillo”. Fuente: España y América. Octubre de 1929.

Arthur Schreiber regresó a Estados Unidos en barco desde Francia, con pasaje pagado por el propio Lotti (previa reprimenda para el chaval por parte del embajador de Estados Unidos), donde se convirtió en efímera celebridad, aunque nunca sacó provecho económico de su aventura. En septiembre de aquel mismo año fue atropellado por un automóvil, que lo dejó en estado muy grave6. Logró sobrevivir al accidente y, cinco décadas más tarde, regresó a Francia, invitado a las celebraciones en recuerdo de la aventura aérea.

A finales de 1929 los tripulantes del Pájaro amarillo regresaron a España, de paso hacia Portugal, y de nuevo de vuelta, para pasar unos días en medio de su gira triunfal por Europa. Las siguientes fotografías fueron tomadas en Cuatro Vientos durante su paso por Madrid.

Fuente: La Esfera. Agosto de 1929.

Fuente: La Esfera. Agosto de 1929.

“Los aviadores Assolant, Lefèvre y Lotti, acompañados del ingeniero M. Saint Fierre y el mecánico M. Lewy, momentos antes de emprender el vuelo, en el aeródromo de Cuatro Vientos, con rumbo a Lisboa” Fuente: Mundo Gráfico, 14 de agosto de 1929.


Ver también:


Notas:

  • 1 El Heraldo de Madrid. 30 de mayo de 1929.
  • 2 The New York Times. 4 de marzo de 1940.
  • 3 El Imparcial. 30 de mayo de 1929 y La Voz. 29 de mayo de 1929.
  • 4 El Heraldo de Madrid. 15 de junio de 1929.
  • 5 Aérea. 1929, número 71.
  • 6 Época, 25 de septiembre de 1929.
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