El día de Ada

Despistado que es uno, acabo de enterarme por La Petite Claudine que hoy se celebra el Día Internacional de Ada Lovelace, una de mis referencias históricas preferidas y a la que he dedicado algunos artículos. Con tal excusa, creo conveniente recuperar aquí uno de ellos, en memoria de la apasionada Ada, que formó parte de mi libro Herejes de la Ciencia y que publiqué en TecOb, sin pena ni gloria, hace cuatro años.

adaAda es un lenguaje de programación utilizado en aplicaciones que requieren solidez y seguridad, como por ejemplo en la industria aerospacial. Pero lo que hoy traigo aquí es el personaje que ha dado nombre, a modo de homenaje, a este moderno lenguaje.

El inolvidable Lord Byron tuvo una hija igualmente inolvidable, pero hoy casi olvidada. Se trataba de Augusta Ada King, hermosa, apasionada y curiosa, adicta a los eventos de la alta sociedad, fallecida a la temprana edad de 36 años. Su obra, al igual que la de su padre, forma parte del patrimonio común de la humanidad, aunque en este caso no se trata de poesía sino de programas para ordenadores. En el año 1843 Ada publicó la descripción de la primera computadora programable automática de la historia, el Ingenio Analítico de Charles Babbage. La compleja máquina no llegó a construirse nunca, sobre todo por lo caro que resultaba dar vida a un proyecto tan extraño para el que casi nadie sabía cual sería su utilidad. Ada se ocupó de diseñar los primeros programas matemáticos de ordenador en la historia de la técnica, escritos para un ingenio que no vería la luz en su época. La figura de Ada es tan fascinante que en los últimos años ha sido desempolvada de los libros de historia de la ciencia para pasar a formar parte de novelas, biografías e incluso una película. Su influencia en el mundo de las computadoras ha sido tal, que un famoso lenguaje de programación para aplicaciones aerospaciales lleva su nombre. El primer programador del ingenio fue Babbage, pero se reconoce que Ada lo perfeccionó hasta hacer practicables los programas. A pesar de esto, durante muchos años no fue considerada más que una “acompañante” del genio inventor de la máquina analítica.

Ada nació en 1815, en la ciudad de Londres, siendo hija de Lord Byron y de la matemática Annabella Milbanke, recientemente casados. El matrimonio se separó, en medio de grandes rumores sobre infidelidades, a los pocos meses, abandonando Byron Inglaterra para no regresar jamás. La madre de Ada, adelantada a su tiempo, educó a su hija en las ciencias como medio para hacerle olvidar sus posibles inclinaciones literarias que tan mal recuerdo despertaban de su esposo. De esta forma, la educación científica de Ada fue muy esmerada y totalmente anormal para su época, incluso entre las clases altas. A los diecisiete años Ada conoció a Babbage, un viudo veinticuatro años mayor que ella, en una fiesta. Este personaje era famoso por sus invenciones matemáticas y su activismo político. La pasión en la vida de Babbage era lograr máquinas programables que realizaran de manera automática complejas operaciones matemáticas. Poco tiempo después de conocerse, el matemático enseñó a Ada los esquemas de su máquina de diferencias, su primera “calculadora” mecánica. Ada se fascinó con el asunto y ayudó a llevar a cabo el gran proyecto. El primer ingenio se limitaba a sumar, restar y resolver ecuaciones simples. Cuando la amistad entre ambos creció, Babbage confesó a Ada que su ambición final era la construcción de una máquina mucho más potente, el Ingenio Analítico. El portentoso mecanismo sería capaz de resolver problemas muy complejos a través de su programación. Su arquitectura era similar a la de los ordenadores que manejamos ahora, con memoria, procesador y lector de programas a través de tarjetas perforadas, todo ello mecánico y no eléctrico, los resultados se mostraban en forma de tarjeta o documento impreso. Ada se casó con William King, convirtiéndose en Condesa de Lovelace, siendo incapaz, no obstante, de abandonar su pasión matemática. Comenzó a colaborar seriamente con Babbage, y publicó el primer artículo científico sobre programación de computadoras de la historia, siendo único en su género durante más de un siglo. Ada determinó las utilidades para las que se podría emplear el nuevo ingenio, llegando incluso a plantear programas capaces de componer música. Los programas matemáticos de Ada eran mucho más complejos y útiles que los creados por el propio Babbage, dejando al inventor muchas veces muy sorprendido con las capacidades que la joven llegaba a idear para su máquina. Ada no tuvo nunca buena salud, siendo a partir de 1843 cuando la enfermedad impidió que continuara por los caminos de la ciencia.

Murió en 1852, posiblemente de cáncer de útero, y fue enterrada al lado de su padre. Su trabajo fue olvidado hasta que, en 1953, Bertram Bowden hizo mención de él en su libro sobre la historia de las computadoras. Los conocimientos actuales de computación se desarrollaron al margen de las ideas de Ada y Babbage, pero no por ello es menos cierto que constituyeron la primera, y fundamental pieza, de este mundo nuestro que vive en medio de las redes de ordenadores extendidas por todas partes, un planeta que hubiera entusiasmado a Ada.

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