Continentes sumergidos

15 de Mayo, 2008

Durante siglos la Atlántida ha generado ríos de tinta y, en los últimos tiempos, decenas de documentales, películas o series de televisión. El legendario continente sumergido ha sido citado en tantas ocasiones, que mucha gente considera su existencia como algo real. Es sorprendente cómo unas sencillas frases con moraleja que aparecen en el Timeo y el Critias de Platón, hayan dado lugar a tantas pasiones. Porque no hay más, todas las historias y narraciones sobre la Atlántida, que son o han sido, parten de Platón, no hay más base. Como puede suponerse, nunca se ha econtrado la Atlántida o, por lo menos, algún resto contundente de su existencia. Teorías sobre si lo contado por Platón es cierto, o no, hay para todos los gustos pero sólo son eso, nada más. Sin embargo, existen continentes sumergidos totalmente reales, no tendrán la fama y el brillo de leyenda de la Atlántida, pero están ahí, se pueden visitar… con submarino, claro.

Perdidas en el sur del Índico, aparecen las Islas Kerguelen, que hace tiempo eran conocidas con el evocador nombre de Islas de la Desolación. A miles de kilómetros al este de África y al norte de la Antártida, perdidas en medio de la nada, emergen como evanescentes fantasmas las solitarias rocas de Kerguelen, territorio francés y lugar ideal para olvidarse del cotidiano ruido o, mejor, para investigar glaciares, focas o pingüinos. Lo que parecen simples islas remotas no son sino la porción más elevada de un continente que, gracias a las imágenes de satélite, se muestra en todo su esplendor. Bajo las aguas del Índico, nos encontramos con la plataforma o meseta de Kerguelen, todo un continente volcánico sumergido formado hace más de cien millones de años. Aunque actualmente se encuentra bajo una media de uno a dos kilómetros de agua marina, la vida medró en su superfice durante milenos hasta que, hace unos veinte millones de años, el continente se hundió en el océano, quedando las desoladas islas como único testigo actual de su pasado esplendor.

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El continente sumergido de Kerguelen. Imagen a partir de Regional petroleum geology of Australia

No se trata del único ejemplo de continente sumergido. He ahí Nueva Zelanda, tierras emergidas que, en realidad, no son sino de lo poco que puede contemplarse hoy del continente Tasmantis, sumergido hace más de veinte millones de años.

Las explosiones convencionales más potentes de la historia

13 de Mayo, 2008

Uno de los blogs de tema marítimo más atractivos que conozco, gCaptain, acaba de publicar un artículo que me ha llamado la atención por su potente título: World’s Largest Non-Nuclear Explosion. Ha sucedido que, mientras leía el texto, me iban quedando dudas, pues he recordado que tenía en el baúl de datos curiosos varios ejemplos más potentes que los citados por gCaptain, así que he ordenado un poco las ideas y, he aquí una especie de listado brevísimo con las explosiones convencionales más potentes de la historia. Lo de convencional viene por separarlas de las nucleares y, por supuesto, aquí no tienen espacio explosiones naturales, como las de origen volcánico…

Este tipo de listas son muy complicadas de realizar, porque cuantificar la potencia de una explosión es prácticamente imposible, sobre todo cuando los datos para realizar un análisis son escasos. Como ejemplo, en la Wikipedia existe una especie de ranking, tan subjetivo como cualquier otro. De entre los cientos de explosiones convencionales registradas, he aquí las tres más potentes y otra más, de regalo:

1.- En el puesto número uno, con cinco kilotones de potencia aproximada1, y en esto parece que no hay mucha discrepancia, podemos encontrar la catástrofe de Port Chicago, que no tiene nada que ver con la famosa ciudad de e Illinois, sino que se trata de una instalación naval situada en California. Sucedió el 17 de Julio de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial. Junto con el S.S. Quinault Victory, el mercante S.S. E.A. Bryan se encontraba en el muelle realizando las acostumbradas tareas de carga con miles de toneladas de explosivos y municiones para el frente. Pasadas las diez de la noche de esa triste fecha, algo nunca explicado de forma satisfactoria sucedió, comenzó un incendio en el muelle y se produjo una explosión que, a los pocos segundos, fue seguida por otra de inmensa intensidad, que destruyó a los barcos, el muelle y todas las instalaciones del puerto. La explosión fue tan potente, que llegaron noticias de haberse percibido a más de 800 kilómetros de distancia. Miles de pequeños fragmentos de metal, madera y cristal, salieron volando y causaron daños y heridos a gran distancia. En este suceso murieron 320 marineros y trabajadores al instante, resultando gravemente heridos alrededor de 400. Más de doscientos de los fallecidos eran afroamericanos, con lo que el caso sirvió para avivar ciertos enfrentamientos políticos y raciales ya de por sí graves en la época, además de provocar todo un motín2.

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Estado de las instalaciones de Port Chicago tras la catástrofe. Fuente: California Digital Library.

2.- En segundo lugar, aunque sobre esto hay dudas porque se suele decir que se trata de la número uno, nos encontramos con Minor Scale, más de 4 kilotones de potencia, todo un experimento muy ruidoso ideado por la antigua United States Defense Nuclear Agency. Tómense miles de toneladas de explosivos concencionales y detónense al unísono. Así de sencillo, como una sola voz, una monstruosa explosión ideada para simular los efectos de una pequeña bomba nuclear. Sucedió el 27 de Junio de 1985 en el área de pruebas militares de White Sands en Nuevo México.

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Explosión Minor Scale. Nótese el Phantom F4 que se ve al frente, para percibir la escala.

3.- Tercer puesto, también con alrededor de 4 kilotones, para otro experimento ruidoso. El 18 de Abril de 1947 se procedió a realizar la voladura de toda una isla, Heligoland. Al final, tras el estruendo y el humo, resulto que la isla no desapareció del mapa, al menos no por completo, pero había resultado muy dañada por la explosión ideada por ingenieros británicos con varios miles de toneladas de explosivos, remanentes de la Segunda Guerra Mundial.

Fuera de lista, y como broche final, un ejemplo de voladura controlada de tamaño monumental. Se trata de la destrucción de Ripple Rock, estructura semisumergida con dos picos que convirtió durante siglos a un área de Seymour Narrows, en la ruta marítima de Vancouver, en un punto negro para el tráfico marino. Para limpiar el paso, se decidió volar la molesta “roca” el 5 de Abril de 1958.

En este caso, lo mejor es ver el siguiente vídeo, ofrecido por CBC Digital Archives3… 5,4,3,2,1… ¡Boom!

B.C.’s deadly Ripple Rock blown up. The CBC Digital Archives Website. Canadian Broadcasting Corporation.
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1 Kilotón (RAE): Unidad de potencia de un explosivo, equivalente a la de 1000 toneladas de trinitrotolueno. (Símb. kt).
2 La explosión de Port Chicago, causó por sí misma alrededor del 15% de las muertes de soldados afroamericanos estadounidenses en la guerra.

Localismos deslocalizados

11 de Mayo, 2008

imgAl terminar la lectura de Por ambas Castillas, donde el geógrafo Don Jesús García Fernández recogía sus impresiones acerca paisajes y paisanajes de esa España profunda, sobre todo de los años cincuenta que ya prácticamente no existe, recordé la colección de localismos que tengo anotada en uno de mis cuadernos de campo.

He de avisar que, aunque he visitado muchos pueblos, comarcas y ciudades, conversando con las gentes que en tales lugares habitan y que me he interesado por formas de vida y costumbres, quedando todo ello anotado en diarios y demás cuadernos de curiosidades, mi carácter huraño seguramente hará que me equivoque en algunas de las apreciaciones que a continuación aparecen. En varias hojas de uno de los cuadernillos, reservé hace años espacio para ir anotando las expresiones o frases más extrañas, según mi parecer, con las que me iba encontrando. Llámense localismos, aunque hoy día poco tienen de ello, pues aunque algunas de las expresiones nacieron en un lugar concreto, hoy pueden escucharse en los más insospechados rincones, de ahí el título que he dado a este artículillo.

Bien, manos a la obra, voy a seleccionar de entre todas las expresiones recogidas en las añejas hojas mencionadas, las que más me llamaron la atención. Repito que, dado mi despiste habitual y a mi casi inexistente vida social, puede que algunas de estas frasecillas o palabras sean hoy de uso común en muchos lugares y yo no me haya dado cuenta, por lo que en realidad no sean tan raras como a mí me parecen. Sea como fuere, marcaré en cursiva tales formas de expresión que, además, se rigen por dos normas muy sencillas. En primer lugar, sólo he seleccionado los ejemplos que he oído en más de dos ocasiones en boca de personas diferentes y en lugares diversos, de forma que no puedo decir que tal o cual expresión “pertenezca” a un lugar concreto, porque generalmente los hablantes ni se conocían ni vivían en la misma comarca. En segundo lugar, los ejemplos corresponden a situaciones comunes, esto es, que las personas que emplearon tal o cual frase, lo hicieron para expresar la misma idea. No sucede lo mismo con otros casos que tengo anotados y que guardan cierto desconcierto, porque dependiendo del lugar en que se empleen, pueden incluso tener significados contrarios.

En ocasiones, cuando alguien no sabe nada sobre un tema, afirma que no tiene ni pajolera idea. En el caso de una mañana muy atareada, o cuando se ha buscado algo de tienda en tienda y no se ha encontrado, he escuchado que se han recorrido las siete partidas. Desconozco si tal forma de referirse a un largo trecho andado tenga algo que ver con el Código de las Siete Partidas de Alfonso X El Sabio, pero bien pudiera ser.

Sorprendente es la cantidad de expresiones empleadas por gentes de toda condición y lugar para referirse a la estupidez, la tontería o, simplemente, para decir que alguien es tonto. He ahí pazguato, avutarda vieja, semiperanto, cencerro, sansirolé,señorito de pamplingao, acipámpano o tonto de coria. En el último ejemplo, no sé si habrá relación con el cacereño municipio de Coria y por qué ha dado lugar a esa expresión que he escuchado sobre todo en Valladolid y Burgos, pero vaya usted a saber, estas cosas surgen de la forma más inesperada.

Y, he aquí que, cuando alguien llega a la culminación de un proyecto o ha encontrado la solución a algo, puede decir ábate o, para dar por terminado un asunto, ¡punto pelota! Bien, no nos vayamos por los cerros de Úbeda y veamos que, cuando alguien es muy ingenuo, puede decirse que se trata de un alma cándida o que, si se come mucho y no se engorda, se tiene el espíritu de la golosina. Ya en harina, cuando una persona está metida en muchos líos, dícese que está montando atropos, quién sabe si vendrá tal cosa de atropar.

Hasta aquí, palabras o frases sencillas. Lo que a continuación tengo anotado, ya roza lo esperpéntico y, de no haberlo escuchado en gran número de ocasiones en boca de personas de diversa procedencia, hubiera sido descartado por extraño. Así, podemos escuchar eso y nada pariente del tío ninguno, en referencia a cosas de escaso valor, o parecer la faldiquera de un sardinero, seguramente en referencia a las faldiqueras, bolsos atados a la cintura que se solían llevar de antiguo bajo las ropas, sobre todo por parte de las mujeres.

Llegando a la exageración, pueden decir de uno que se es más malo que cagada de gato, o que pareces el bicho que picó al tren. No es raro encontrar a personas que se acuerdan de San Pitopato, o de algún perro pichi. Hay cosas que sucederán cuando San Juan baje el dedo, o sea, que van para largo. En otras ocasiones, no hay que esperar tanto, pero suceden de pascuas a ramos.

Y con esto, y un bizcocho, nos acordaremos de Rita la churrera, que vaya usted a saber quién fue, o nos negaremos a hacer algo que no practicaríamos ni jartos de vino, o bien, si estamos muy pesados preguntando qué hay para comer, nos pueden saltar con que hay canguingos y patas de ranas… o de peces, porque ambas formas de decirlo han llegado a mis oídos. Ahora bien, si hay un localismo que me encanta y más recuerdos me trae, es guaje.

Yo, de pequeño, era un guaje porque, normalmente, los niños y jovencitos, en el norte palentino, en León y en Asturias, son guajes. Para mí, es lo más normal del mundo llamar guaje a un niño, aunque en otros lugares el empleo de esta palabra causa extrañeza. Al parecer, el término se originó en las cuencas mineras norteñas, como la de Guardo, donde vivo, en relación a los menores que ejercían de ayudantes en trabajos mineros, en recuerdo de los lavaderos de carbón denominados técnicamente con el término de origen inglés walsher. Los niños de los lavaderos, o walshers, no tardaron en ser llamados guajes y, en poco tiempo, cualquier niño era llamado guaje. Palabra con tanta tradición en estas tierras norteñas como los queridos calendarios de la Unión Española de Explosivos, que cada año decoraban los comedores de las casas de obreros y mineros con estampas de gran belleza y señoras estupendas, como las que pintaba Julio Romero de Torres.

El Rafael de los gatos

5 de Mayo, 2008

imgApenas contaba cuarenta y seis años cuando falleció, allá por 1814, pero su obra ya era conocida en media Europa. Todo un mérito para un extraño personaje que desde muy temprano fue conocido como el Rafael de los gatos, en honor al excelso maestro italiano del renacimiento. Gottfried Mind pintaba gatos, así de sencillo, se trataba de un artista suizo que probablemente podríamos calificar hoy día como un idiot savant. La calidad de sus gatunas pinturas es tal que el paso de los siglos no ha hecho sino aumentar su prestigio y, claro está, su valor.

Según las crónicas1, nadie había logrado captar en una pintura el carácter y actividades de los gatos de forma tan perfecta. Mind, habitante de Berna, era respetado y admirado, recibía visitas de gentes interesadas en su arte procedentes de países diversos, muchos de los cuales decidían comprar sus obras. Su fama se extendió por el continente, con lo que se convirtió en un artista de moda. Su capacidad para reflejar la vida de los gatos es asombrosa, sobre todo teniendo en cuenta su condición de autista, era capaz de captar todo el mundo de nuestros amigos felinos de forma que podía contar historias completas con sólo una imagen. Al parecer, Mind vivía rodeado de gatos, con los que se entendía mejor que con sus vecinos humanos. Dicen que era capaz de “conversar” con ellos y, sobre todo, se encontraba en armonía con su gata favorita, de nombre Mineta. Los gatos eran todo su mundo, con lo que los visitantes estaban avisados de no molestar a los animalejos, porque esto haría despertar el enfado del artista. En 1809 cuentan que las autoridades de Berna decretaron el exterminio de todos los gatos de la ciudad. Algunos parecían mostrar síntomas de hidrofobia –léase rabia– con lo que la orden fue cumplida con eficacia, eliminándose a unos ochocientos gatos. El suceso dejó a Mind profundamente deprimido, aunque por suerte se permitió a Mineta seguir viviendo. El desastre gatuno hizo que, en los años siguientes, pusiera tal empeño en llevar a la vida todo tipo de detalles de sus gatos a través del arte, de forma tan genial que su fama y la petición de obras suyas crecieron de forma sorprendente.

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1 Véase Semanario Pintoresco Español, Num.1, 3 de abril de 1836.

Adiós, doctor Hofmann

30 de Abril, 2008

No repetiré de nuevo lo que ya he escrito hace tiempo, por lo que me limitaré simplemente a recordar cierto día de 1943

De repente me sentí extrañamente embriagado. El mundo externo cambió como en un sueño. Los objetos parecieron ganar relieve, adoptando dimensiones inusuales y los colores se volvieron más brillantes. Incluso la percepción de mí mismo y del tiempo se vieron alteradas. Con los ojos cerrados, vi imágenes de color que brillaban y desaparecían en un cambiante caleidoscopio. Después de unas horas, la no del todo desagradable embriaguez que había estado experimentando mientras permanecía totalmente consciente, desapareció. ¿Qué había originado este estado?

Esta descripción del primer viaje con LSD es obra de la persona que descubrió la existencia y estructura de esta molécula, una de las substancias psicoactivas más potentes que se conocen. Volver, de nuevo, a este pasaje, tiene una explicación. Ayer, a los 102 años de edad, dejó este mundo el doctor Albert Hofmann que, además de convertirse en héroe de toda una generación, también debe ser recordado como excelso químico, autor de cientos de artículos de investigación y ensayos. Es curioso, últimamente tengo la sensación de que toda una época está terminando para dar paso a vaya usted a saber qué. Llevo así desde la muerte de Arthur C. Clarke y, hoy, me reafirmo con el deceso de Hofmann. Cierto es que se trata de personas cuya longevidad elevada, con un envidiable nivel de actividad hasta casi sus últimos días, hace que, por ley natural, más temprano que tarde nos abandonen, pero aun así cierto vértigo de fin de época me recorre el espinazo. Definitivamente, el siglo XX murió, larga vida al siglo XXI y a sus protagonistas… sean quienes sean.

Sobre Hofmann, en TecOb:
Feliz cumpleaños Doctor Hofmann

Tecnofrustración

29 de Abril, 2008

En los últimos días he empleado el escaso tiempo libre que me quedaba a instalar y actualizar software diverso, así que poco he escrito en TecOb. El resultado de estas aventuras ha sido un desastre. En el Mac no ha habido problemas, luego, con un PC que traía por defecto Vista, he trasteado hasta reconvertirlo en un amable cacharro con XP y Ubuntu. Vale, todo iba bien, hasta que en el VAIO que compré hace unos meses intenté que vivieran en paz el dichoso Vista y Ubuntu. No ha habido manera, mil errores por todas partes. Lo intentaré más adelante, posiblemente en verano, con más tiempo. Para completar el lío, he estado haciendo pruebas para actualizar las instalaciones de WordPress de los blogs que tengo en alpoma.net. Mala idea, porque lo que en el WP que tengo en otro servidor, de pruebas, no parecía fallar, aquí todo ha sido una pesadilla. Que si las bases de datos saltaban con errores por todas partes, que si los themes no acababan de funcionar bien… Y, para colmo, ahí están los problemas de seguridad de WP 2.5, siendo necesario saltar a WP 2.5.1… ¡También con problemas! Nada, mejor dejarlo nuevamente para tiempos mejores, así que he mantenido las instalaciones como estaban, parcheadas a mano donde se ha podido, con mil retazos de código artesanal aquí y allá, pero funcionales y familiares. A este paso me va a entrar alergia a WP, viejo amigo de tantas aventuras que, por desgracia, a veces es demasiado “cabezón” y problemático. :(

Gratas lecturas

24 de Abril, 2008

Días de libros, de regalos con montones de letras y papel que, tristemente, en muchas ocasiones no verán la luz de ojo alguno. Más allá de la pretensión, casi soberbia, de recomendar tal o cual librillo para satisfacer la necesidad de regalar en esta época, sencillamente mencionaré la visita que acabo de hacer a un amigo de papel que trata de la lectura, de la obligación de leer, de los chavales que sienten el deber de tragarse mamotretos en el cole como una tortura y, cómo no, de la forma en que los no tan niños se relacionan con lo que nunca debió ser una obligación y sí una pasión

Derechos imprescindibles del lector

1.- El derecho a no leer.
2.- El derecho a saltarse las páginas.
3.- El derecho a no terminar un libro.
4.- El derecho a releer.
5.- El derecho a leer cualquier cosa.
6.- El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual)1.
7.- El derecho a leer en cualquier lugar.
8.- El derecho a hojear.
9.- El derecho a leer en voz alta.
10.- El derecho a callarnos.

…explicados y desmenuzados por Daniel Pennac en su libro Como una novela.

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1 De Madame Bovary. Enfermedad manifestada con síntomas como imaginación, emoción, ilusión…

Un pequeño punto azul

22 de Abril, 2008

Hoy, día de la Tierra que, como cada típico “día de…” no deja de ser más un conjunto de maniobras publicitarias que otra cosa, he pensado que la mejor forma de reflexionar sobre nuestro hogar común, el pequeño punto azul pálido perdido en la inmensidad del espacio sobre el que nos encontramos, es dar la palabra a Carl Sagan


¿Es peligroso enviar mensajes al espacio?

10 de Abril, 2008

imgLa pregunta parece un tanto estúpida, pero hay quien está preocupado por el asunto. Este fin de semana el Canal de Historia emitía un documental sobre lo que sucedería con nuestro planeta si la humanidad desapareciera. La conclusión, como no podía ser de otro modo, fue que, si pasa suficiente tiempo, prácticamente todo vestigio de actividad humana terminaría por ser borrado de la Tierra. Alguien se preguntará por las ondas de radio que, a modo de invisible burbuja, transmiten nuestro galimatías de radio y televisión por el universo. Lamentablemente, tal y como se comentaba en el programa, también esa huella se borra con la distancia y el tiempo, así que unos cuantos años luz más allá del Sistema Solar, se convierten en simple ruido.

En cuanto escuché la frase sobre el ruido y la extinción de la huella de radio de los humanos, recordé que algunos mensajes sí perdurarán un poco más. Se trata de emisiones codificadas realizadas intencionadamente para que sean descubiertas por supuestas civilizaciones extraterrestres. La más famosa emisión de este tipo es el mensaje de Arecibo, enviado desde el radiotelescopio del mismo nombre en 1974 hacia el cúmulo estelar M13, conteniendo información sobre nuestro Sistema Solar, la Tierra y los seres humanos. Pueden considerarse también como mensajes “perdurables” los discos de audio que portan las Voyager o las placas de las Pioneer 10 y 11, para servir de heraldos de nuestra civilización en caso de ser interceptadas las sondas por extraterrestres.

Hay quien entiende que la búsqueda de inteligencia extraterrestre, SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) ni siquiera debiera considerarse como una ciencia, no me refiero sólo al polémico proyecto SETI@Home, sino a toda búsqueda de señales inteligentes procedentes del cosmos. Personalmente pienso que la búsqueda no sólo es necesaria, sino que podría llevarnos a ese momento culminante de la historia humana que supondría el Primer Contacto. Sin embargo, hay personas que sienten miedo ante los proyectos SETI o, más bien, temen la búsqueda activa o METI (Messages to Extraterrestrial Intelligence), no vaya a ser que algún alien maligno nos ponga en el punto de mira.

La verdad, me parece exagerar, sólo con pensar en las distancias cósmicas, no creo que por enviar algunos mensajes por ahí nos vaya a caer encima una armada galáctica aunque, ya se sabe, hay opiniones para todos los gustos. Es más, hubo un tiempo en que se consideró que la comunicación con civilizaciones extraterrestres estaba muy próxima a ser real. A finales del siglo XIX el famoso divulgador de la astronomía Camille Flammarion organizó un premio de 100.000 francos que se entregaría a quien lograse comunicar con otros mundos. Eso sí, no valía hacerlo con Marte, porque en medio de la fiebre de los canales del planeta rojo ya se consideraba que “hablar” con los marcianos no tenía mucho mérito. El conocido como Prix Guzman, anunciado en 1900 ante la Academia de Ciencias de Francia, resultó desierto, porque nadie logró la proeza de comunicarse con los supuestos vecinos cósmicos aunque hubo quien afirmó haberlo conseguido, como el gran Nikola Tesla, en 1937. En fin, superando los miedos, hoy se plantean alternativas en la búsqueda de inteligencia extraterrestre, más allá del escrutinio óptico y de radio. He aquí una idea novedosa que emplearía ráfagas de neutrinos: SETI and muon collider.

La escalera de Jacob

8 de Abril, 2008

No me referiré aquí a la bíblica escalera del Génesis, por la que se decía que circulaban los ángeles en su trasiego entre los cielos y la Tierra, soñada por Jacob. Nada de eso, la escalera que visita hoy TecOb, aunque lleve el mismo nombre, no es celestial, pero tiene su gracia. Ante todo, hay que situarla. Siempre me han gustado las islas remotas, no las típicas islas que atraen turistas y que están llenas de hoteles y demás industrias de ocio. De hecho, los “paraísos” de veraneo no me atraen nada, a mí lo que me va son las islas lejanas y, hasta cierto punto, incómodas. No llegaré al extremo de recomendar una visita a la Isla Inaccesible, pero si lo que uno busca son paisajes desolados, solitarios pero a la vez grandiosos, nada como viajar las Islas Subantárticas o al puñado de islas que habitan el Atlántico Sur, en medio de la nada.

Entre todos esos pedazos de tierra emergida que habitan el Atlántico destaca uno, sobre todo por su historia. Se trata de Santa Helena, Territorio de Ultramar del Reino Unido, entre África y América, famosa por cierto visitante forzoso que teminó allí sus días. No se puede decir que tan lejano emplazamiento haya tenido muchas visitas ilustres a lo largo de su historia. De paso estuvo Darwin, durante su histórico viaje a bordo del Beagle, alojándose en una casa construída cerca de la tumba de otro famoso personaje histórico. Cierto es que hoy esa tumba se encuentra vacía, pues los restos que albergó durante bastantes años se encuentran ahora en París, pero no por ello deja de ser una de la atracciones “turísticas” más famosas de Santa Helena aunque no vaya a pensarse que las multitudes se acercan a tan inhóspito lugar, más bien se trata de un punto rojo en el mapa, marcado para aventureros y románticos.

La mayoría ya habrá adivinado el nombre del personaje. Gracias a lo inaccesible de la isla, Santa Helena ha servido de prisión inexpugnable para algunos prisioneros famosos, como Napoleón Bonaparte. El Emperador ya tenía experiencia en huídas sorprendentes, como su regreso a Francia desde Elba, así que las potencias europeas no estaban dispuestas a dejar escapar otra vez al corso. Napoleón vivió exiliado en Santa Helena desde 1815 hasta su muerte, acaecida en 1821.

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Tumba de Napoleón en Santa Helena. Sus restos se trasladaron a París en 1840.

Personalmente, a pesar de toda la carga histórica que tienen hoy la vieja tumba y la casa en que vivió Napoleón, pienso que el gran atractivo de la isla es su naturaleza misma, volcánica y salvaje, su relación tormentosa con el océano y la vegetación a la que da vida, además de otros detalles curiosos que siempre me llamaron la atención, como la dichosa escalera. La capital de Santa Helena es Jamestown, una pequeña ciudad que tiene como característica fundamental el situarse entre dos acantilados muy pronunciados. El aspecto de trinchera que tiene el conjunto es ciertamente inquietante.

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Jamestown en 1863.

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Jamestown en la actualidad.

Obsérvese el trazado rectilíneo que asciende audazmente por uno de los acantilados, casi en vertical. A lo lejos no puede distinguirse de qué se trata, hay que acercarse mucho para descubrir que, en realidad, no es un camino o una grieta, es una escalera, la Escalera de Jacob.

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Jamestown en 1863.

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La Escalera de Jacob en la actualidad.

Como puede verse, subir el acantilado por la escalera no es algo recomendable para quien tenga miedo a las alturas. Se construyó en 1829 para enlazar la ciudad de Jamestown con lo más alto del acantilado, Ladder Hill, que traducido viene a ser como la colina de la escalera. Arriba, dominando el océano, había una guarnición en permanente vigilancia. ¿Se imagina alguien subiendo a toda prisa por el acantilado a un grupo de soldados desde la ciudad? Hoy, en lo alto, hay todo un barrio, pero la gente no sube por la escalera, a no ser que se trate de turistas, porque puede accederse a través de una carretera por el sur. Dicen que cuenta con 699 escalones –si alguien se anima a subir y contarlas, que deje un comentario– y tiene más de una historia curiosa a sus espaldas.

Antes de convertirse en escalera, allá por 1875, la línea ascendente había servido como raíl para una especie de ferrocarril muy singular, formado por un entramado de cables que elevaban vagonetas, por medio de tracción animal desde lo alto, con las que se subían municiones, abastecimientos de todo tipo y, sobre todo, estiércol para los campos situados en las llanuras más allá del acantilado. No hay que pensar mucho en lo que sucedía cuando se rompía el cable y caía desde las alturas, casi a modo de lluvia, el contenido de las vagonetas sobre Jamestown.

En total, se lograba salvar un desnivel de 182 metros, gracias a una “vía” de 275 metros de longitud con unos cuarenta grados de inclinación, toda una proeza. Lamentablemente, una plaga de termitas, que llegaron a la isla con bastante hambre a bordo de un carguero en el siglo XIX, dañó la estructura de este singular medio de transporte, casi toda de madera, quedando hoy como recuerdo la Escalera de Jacob que, aunque no llega al cielo como la del Génesis, asciende a lo más alto del acantilado para permitir, a quien tenga la fuerza y las ganas de subir por ella, contemplar el Atlántico en medio de sus entrañas, entre dos continentes.

Mapa de Santa Helena | Ampliar |
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| Fuente: St. Helena Tourist Office |

Fotografías y grabados: Barry Weaver / St. Helena Virtual Library and Archive