La Europa sumergida

Una anotación de hoy en Next Nature ha revivido mi interés por un tema muy especial. No hay que acudir a mitos como los de la Atlántida o el imaginario continente perdido de Mu para encontrar verdaderos mundos perdidos bajo las aguas. Al final de la última glaciación, hace unos 10.000 años, el nivel de los océanos ascendió con relativa rapidez, sumergiendo lo que durante mucho tiempo fueron tierras continentales habitadas por humanos. Esas grandes áreas podrían constituir un verdadero filón arqueológico todavía por explorar, sobre todo en el sudeste asiático, donde se sumergieron territorios gigantestos. En Europa el misterio se centra en lo que se ha dado en llamar Doggerland. Tal nombre ha sido dado por los geólogos a las masas de tierra localizadas en el Mar del norte que conectaban Gran Bretaña con Europa durante la glaciación. Así, al final del reinado de los hielos, con alternancia de episodios más cálidos con otros fríos, la naciente humanidad pudo medrar en amplios espacios ahora ocupados por las aguas marinas. Las gentes del Mesolítico ocuparon los terrenos que fueron sumergidos siglos más tarde, ocultando las huellas de su presencia hasta la actualidad. Como siempre, lo mejor es contemplar una imagen que explique el asunto mejor que mis torpes palabras.

Lo que sigue es una imagen hipotética de cómo hubiera visto un satélite artificial el continente europeo hace 10.000 años, cuando los hielos se habían retirado hacia el norte y el nivel del mar comenzaba a ascender. Como puede verse, una gran extensión de terrenos emergidos daban forma a un perfil continental muy diferente al actual.

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4 Comentarios

  1. JORGELINA MUÑOZ

    Este artículo es un exelente ejemplo d la interrelación existente entre ls distintas geoesferas de la tierra (litosfera-atmosfera-hidrosfers-biosfera). Ya que permite observar como un cambio clinatico afecta la hidrosfera produciendo un ascenso en los océanos, y ésstos sumergen una gran parte de tierras continentales, habitadas en épocas muy remotas.
    Es evidente que la relación entre estas esferas es muy estrecha, y que cualquier cambio, ya sea producido por la naturaleza o por el hombre, en alguna de ellas influye directamente en las restantes.

  2. Marfil

    @JORGELINA MUÑOZ, pero a la vez el artículo es también un muy buen ejemplo de que el cambio –tanto geográfico como biológico– es un proceso constante de la naturaleza, y que no existe tal cosa como un “equilibrio geográfico” que se mantendría inalterable sin la intervención humana.

    Nos alarma el derretimiento de los casquetes polares, pero olvidamos que estos no estaban allí –o al menos no en tan grande extensión– antes de las glaciaciones. 😉

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