A vueltas con el “mapa más perfecto del mundo”

Esta historia viene pegando fuerte en el mundo de los grandes medios (curiosamente no tanto en el cartográfico y ahora comentaré por qué) desde hace bastantes días. Veamos, por doquier se han publicado artículos recientemente acerca de cierto mapa que ha hecho bastante ruido, algo que no suele se habitual. He aquí dos ejemplos:

El mapa al que se refieren es este que aparece a continuación, obra del japonés Hajime Narukawa.

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Se trata del AutaGraph World Map, creado basándose, según dicen, en técnicas de origami. Su diseño y factura son admirables, el resultado es precioso y, para mostrar las proporciones entre diversas regiones del globo puede ser de interés. Ahora bien, esta obra de arte que ha resultado ganadora recientemente de cierto premio de diseño, muy importante en Japón (el Good Design Award, del Instituto Japonés de Promoción del Diseño), ha sido presentado por los medios como el más “perfecto creado hasta la fecha” y, además, siempre con el pobre Mercator recibiendo palos.

Veamos, nuestro mundo es un geoide, esto es, una esfera achatada por los polos y con cierto parecido a una patata arrugada, que habita en un universo tridimensional. El problema está en que, para trasladar una visión de la superficie terrestre a un plano bidimensional, esto es, una pantalla o un papel, las proporciones necesariamente deberán sufrir deformaciones. De ahí que, desde hace más de quinientos años, los cartógrafos vengan pensando en crear infinidad de diferentes proyecciones para intentar crear el mapa “perfecto”. En realidad, lo que se pretende con cada proyección es que sirva adecuadamente a los objetivos para los que se va a dedicar tal o cual mapa, eso de la supuesta perfección no se ha buscado con seriedad nunca porque, ciertamente, es subjetiva. Un mapa, como representación de información procedente del mundo real, no deja de ser esclavo de los designios de quien lo construye y, sobre todo, de quien lo encarga. La imagen “deformada y colonialista” del mundo con que Mercator nos “infectó” a todos (a decir de muchos) no es sino una de entre muchas representaciones posibles de nuestro planeta.

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Narukawa ha dividido nuestro mundo en 96 áreas triangulares, convertidos luego en tetraedros que, después de varias transformaciones, pasan a dar forma a una imagen teselada de la Tierra que “mantiene las proporciones, incluso en la Antártida y representa fielmente continentes y océanos”. Se dice también que “resuelve el espinoso problema de proyectar un planeta esférico a un mapa plano” (según el citado artículo de la BBC y otros similares). Y, entonces, me quedo sorprendido. ¿Se ha hallado una solución a un problema milenario? Me parece que no es tan sencillo (matemáticamente la tarea de de complejidad endiablada). Sobre todo en el siglo XX se presentaron diversos intentos de superar el problema de las deformaciones introducidas por la proyección de Mercator.

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El AutaGraph World Map, en mi opinión, vendría a ser uno más de entre todos esos intentos. Estéticamente atractivos, al final no se suelen emplear (que se lo digan de Google Maps), pues la inercia histórica de Mercator es demasiado fuerte. La mejor forma de comprender cómo es nuestro mundo es acudir a una esfera tridimensional, por lo ideal es tener delante una bola del mundo… o una esfera virtual 3D, que también nos valdrá.

Me sigo quedando (de forma subjetiva, todo hay que decirlo) con mi querido Dymaxion de Fuller que, tal como comentaban recientemente en The Map Room, tiene mucho juego que dar todavía (aunque no sea “perfecto”).


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