La Cartoteca https://alpoma.net/carto Blog sobre mapas, cartografía y visualización de datos Fri, 06 Jul 2018 16:26:47 +0000 es-ES hourly 1 https://i1.wp.com/alpoma.net/carto/wp-content/uploads/2018/04/cropped-alpoma_avatar.jpg?fit=32%2C32&ssl=1 La Cartoteca https://alpoma.net/carto 32 32 133849577 Nuevo volumen de “History of Cartography” disponible online https://alpoma.net/carto/?p=7035 Fri, 06 Jul 2018 16:26:47 +0000 https://alpoma.net/carto/?p=7035 Leer más]]> Gracias a The Map Room, me entero que el sexto volumen de la magna obra History of Cartography ya está disponible para su descarga libre en la red (también se puede comprar en papel, claro, pero a precios estratosféricos).

Ya he comentado en otras ocasiones en La Cartoteca lo impresionado que me dejó este proyecto que, a lo largo de seis gruesos volúmenes (algunos de ellos divididos a su vez en varios libros por su gran tamaño), pretende repasar de forma minuciosa y rigurosa la historia de la cartografía de todas las culturas humanas.

El sexto volumen, que ahora se pone a disposición del público en la red, recorre la historia de la cartografía en el siglo XX (todavía no están disponibles los volúmenes correspondientes a la Ilustración Europea y al siglo XIX, que previsiblemente verán la luz a lo largo de 2019).

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Un mapa de la Atlántida https://alpoma.net/carto/?p=7024 Mon, 04 Jun 2018 09:18:31 +0000 https://alpoma.net/carto/?p=7024 Leer más]]> Me atrevo a decir que, de todas las historias sobre continentes perdidos, islas desaparecidas y demás mitos geográficos, uno de ellos sobresale por encima del resto: la Atlántida. Es increíble la gran cantidad de artículos, libros, películas, programas de televisión, radio y similares que se han creado en torno a lo que, en principio, sólo fueron unos simples comentarios con moraleja de Platón. Como si de una especie de locura se tratara, desde el siglo XVIII muchos han estado buscando la localización de la mítica isla hundida por los dioses en el mar.

Han sido tantos los autores que han creído que la Atlántida se encontraba en el Sáhara, o en el Mediterráneo, el Caribe o en el lejano oriente, que si se coloca sobre un mapa un punto rojo por cada una de esas localizaciones sugeridas, obtendremos un mosaico de lunares. Otros se han centrado en lo que Platón comentó, dejando volar su imaginación y, entre todos ellos, sin duda fue el mapa creado por Jean-Baptiste Bory de Saint-Vincent el más atractivo y curioso. Este geógrafo y naturalista francés fue un infatigable explorador y académico, uno de los precursores de la moderna vulcanología y, además, un apasionado de lo mitos antiguos. Fue esa pasión la que le llevó a especular cómo podría haber sido la Atlántida, como mítica gran isla situada “más allá de las Columnas de Hércules” (el estrecho de Gibraltar).

En 1803 publicó una obra sobre el asunto en el que incluyó su mapa hipotético de la Atlántida, sin duda el mejor realizado sobre ese evanescente asunto. El geógrafo planteaba en ese mapa, que se reproduce a continuación, la existencia de la Atlántida como isla-continente entre las Canarias, Madeira, las Azores y Cabo Verde, localizando en su interior todo tipo de míticos lugares, como por ejemplo el país de las Amazonas. (Pincha en la imagen para ver el mapa en un mayor tamaño).

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Versión en inglés de este artículo.

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La isla de California https://alpoma.net/carto/?p=7013 Thu, 31 May 2018 13:49:22 +0000 https://alpoma.net/carto/?p=7013 Leer más]]> En algunas películas de ciencia ficción (mayormente de serie B) aparecen diversas visiones del futuro de California en las que esa porción de los Estados Unidos se muestra separada del continente como si se tratara de una isla, generalmente después de un gran cataclismo en el que la falla de San Andrés tiene mucho que ver. Sin embargo, ese hipotético futuro hinca sus raíces en el pasado, pues durante bastante tiempo se pensó que California era una isla.

La isla de California, gobernado por la reina Calafia, donde habitaban las temibles amazonas, era una isla imaginaria que aparece mencionada en cierto libro de caballería español publicado en 1510 bajo el título de Las sergas de Esplandián, como quinta entrega de una serie que se había iniciado con el célebre Amadís de Gaula, por Garci Rodríguez de Montalvo. El caso es que, cuando los españoles comenzaron a explorar lo que hoy es la mexicana península de Baja California, a alguien se le ocurrió llamar a ese nuevo territorio como California (seguramente después de haber leído la fantástica narración de Rodríguez de Montalvo). No se conoce quién pudo ser, pero la “broma” terminó por dar nombre a aquellas tierras (sobre el tema se ha publicado mucho y no es lugar para ir más allá, porque no hay acuerdo sobre ello).

La influencia de la novela, junto con un mal conocimiento de lo que pudiera haber más al norte de la mencionada península, hizo que California apareciera dibujada como una isla durante mucho tiempo en los mapas, incluso hasta entrado el siglo XVIII. Por ello, es considerado como uno de los “errores” cartográficos más sobresalientes de la Historia, y es una de las razones por las que decidí incluirlo en mi proyecto Lost Worlds. He aquí algunos de los más sobresalientes mapas en los que aparece California como una isla.

Mapa de la isla de California, alrededor de 1650. Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
Mapa de Norteamérica mostrando la isla de California, por Nicolas Sanson, 1650.
Mapa de América, por George Foster, fechado en 1752. Stanford University Libraries.

Más información:
California as an Island in Maps
Maps from the Glen McLaughlin Collection of California as an Island

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Versión de este artículo en inglés (Maptorian).

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Un mapa de los “Mundos Perdidos” https://alpoma.net/carto/?p=7003 Wed, 30 May 2018 14:23:27 +0000 https://alpoma.net/carto/?p=7003 Leer más]]> Vale, lo de “Mundos Perdidos” es muy sonoro pero no dice gran cosa, así que toca explicarlo porque tiene mucha miga. Allá por el año 2012 publiqué mi novela El viaje de Argos. Uno de los protagonistas de ese libro es un viejo mapa, Septentrionalium Terrarum descriptio, obra de Mercator en la que se muestra en el Polo Norte la imaginaria y magnética Rupes Nigra. El caso es que, desde entonces, después de leer multitud de libros sobre continentes perdidos, islas fantasma, criaturas mitológicas y criptozoología, así como sobre errores cartográficos históricos, decidí crear un mapa con todos esos ingredientes. Así nació Lost Worlds, un mapa que he publicado como proyecto en Kickstarter, en el que he reunido muchos de esos ingredientes fantásticos, imaginarios y fascinantes, para crear la composición que siempre quise tener como póster.

Ahí aparecen los continentes perdidos de Lemuria, Mu o la Atlántida, junto con errores clásicos como la Isla de California, las Montañas de Kong o los Montes de la Luna, al lado de Nessie, el Yeti y muchos otros “críptidos”. A lo largo del mes de junio publicaré en La Cartoteca algunas notas detallando ciertos aspectos e historias relacionadas con el mapa. Mientras tanto, si te interesan los mapas fantásticos, te animo a que visites la web del proyecto. ¡Gracias!

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Cuando Leonardo da Vinci dividió el mundo en ocho partes https://alpoma.net/carto/?p=6996 Sun, 27 May 2018 16:04:26 +0000 https://alpoma.net/carto/?p=6996 Leer más]]> Es ya un tópico, pero no hay cuestión que Leonardo da Vinci parezca que no hubiera tratado, aunque fuere de forma superficial. Y, en efecto, también le interesaban los mapas. En el Codex Atlanticus, que viene a ser una especie de compendio de papeles diversos de Leonardo dispuesto en varios volúmenes y conservado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, aparecen esbozos de diversos tipos de proyección cartográfica. La mayoría eran conocidos en su tiempo, pero una en particular parece ser obra de Leonardo o, al menos, introdujo en ella ciertos elementos originales, aunque ha habido polémicas sobre ello (algunos autores afirman que ya se había contemplado el uso de este tipo de proyección anteriormente). El dicciónario de la RAE define un octante como:

Instrumento astronómico del tipo del quintante y del sextante, y de análoga aplicación en barcos y aviones, cuyo sector comprende solo 45 grados o la octava parte del círculo.

Lo menciono porque la proyección más curiosa de las utilizadas por Leonardo era, precisamente, la que es conocida como “proyección en octantes”, con un esbozo inicial del año 1508 y un mapa más elaborado en 1514. Esta proyección dividía el mundo en ocho partes a modo de triángulos de Reuleaux1, como si un trébol de cuatro hojas se tratara para cada hemisferio. Como puede verse en la imagen que aparece a continuación, la esfera del globo terrestre está dividida en ocho triángulos esféricos equiláteros. Curiosamente, fue uno de los primeros mapas en los que se menciona a América por su nombre y, también, uno de los primeros en colocar la Antártida, aunque más como un caso de imaginaria “Terra Australis” que como algo real. El dibujo parece ser, según los expertos, obra de algún copista que hubiera trabajado bajo encargo del propio Leonardo.

Proyección en “octantes” propuesta por Leonardo da Vinci.

A principios del siglo XX el cartógrafo e ingeniero Joseph Stanislaus Cahill dio una vuelta de tuerca al concepto con su proyección tipo “mariposa”, cuya evolución más refinada dio lugar a la proyección Cahill–Keyes.

La proyección “en mariposa” de Cahill en un documento de 1919.

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1 Es la clase más sencilla de polígonos de Reuleaux, que son aquellos que tienen la particularidad de tener curvas de anchura constante.

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Un modelo (patentado) de la Tierra hueca de 1912 https://alpoma.net/carto/?p=6988 Sun, 20 May 2018 16:12:44 +0000 https://alpoma.net/carto/?p=6988 Leer más]]> Desde el siglo XVIII, y hasta bien entrado el XX, la teoría de la “Tierra hueca” tuvo cierto predicamento, con algunos ejemplos de defensa fanática incluidos. Nuestro conocimiento actual de la estructura del planeta Tierra hace que no tenga ya ningún sentido hablar de esa cuestión, pero hubo un tiempo, a principios del siglo XX, en que era muy comentada y aparecía en prensa cada poco (la idea fue popularizada por Julio Verne en su Viaje al centro de la Tierra, de 1864).

La versión más radical de este modelo planteaba nuestro planeta como completamente hueco, dotado de una corteza más o menos gruesa, que habitamos nosotros en el exterior, pero que también sostendría una civilización “intraterrestre” localizada en la cara interior de esa corteza y alimentada por una especie de sol interior en posición central, existiendo grandes agujeros en los polos que comunicarían el interior y el exterior en una especie de maravilla topológica ignota.

Hay quien fue más allá y afirmó que, en realidad, somos nosotros los que vivimos en el interior de esa corteza. En fin, que no tiene caso hoy día, pero hace alrededor de un siglo un estadounidense defensor de la teoría de la Tierra hueca, Marshall B. Gardner, autor en 1920 del libro A Journey to the Earth’s Interior, se planteó cómo hacer más popular esta idea y, de paso, cómo difundirla de forma práctica. La solución le llegó en forma de diseño sobre un globo terrestre didáctico que patentó en 1912 y que, como puede verse en la siguiente imagen procedente del expediente original, deja bien claro lo que quería mostrar. Toda una curiosidad cartográfica de la que, por cierto, desconozco si se ha conservado alguno de los modelos que presumiblemente se comercializaron (pinchar en la imagen para ampliar).

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La isla fantasma de Dougherty en el Atlas de Salinas https://alpoma.net/carto/?p=6981 Sun, 13 May 2018 11:14:54 +0000 https://alpoma.net/carto/?p=6981 Leer más]]> La isla de Dougherty es uno de los muchos ejemplos de errores cartográficos que tienden a mantenerse en el tiempo incluso a pesar de conocerse que son precisamente eso, un error. Localizada en el sur de Océano Pacífico, la isla de Dougherty vendría a ocupar un minúsculo espacio entre Nueva Zelanda y el extremo sur de la Patagonia (59°20′ Sur, 120°20′ Oeste). Fue descrita como un islote de grandes acantilados con menos de diez kilómetros de longitud, neblinoso y cubierto de nieves. Su existencia fue anotada por varios capitanes navales a mediados y finales del siglo XIX, pero posteriormente se ha comprobado que no existe, de ahí lo de “isla fantasma”. Se ha sugerido que su origen pudiera encontrarse en algún tipo de espejismo marino, bancos persistentes de niebla o incluso un gran iceberg que haya desaparecido hace largo tiempo.

El caso es que es un típico ejemplo de isla fantasma, bastante conocido, pero que curiosamente ha persistido incluso en mapas publicados bien entrado el siglo XX, cuando hacía mucho que ya se sabía que allí no había tal isla. El último ejemplo me lo enviaron hace una semana (¡Gracias Fernando!) y nos muestra cómo aparecía la isla Dougherty en el Atlas de Salinas… ¡edición de 1969! Toda una delicia cartográfica.

Vista en detalle del mapa con la posición de la supuesta isla:

El mapa completo (pinchar para ampliar):

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Sobre la primera medición de la altitud del pico del Teide https://alpoma.net/carto/?p=6958 Thu, 10 May 2018 16:13:36 +0000 https://alpoma.net/carto/?p=6958 Leer más]]> El símbolo arquitectónico más conocido de París, la capital francesa, es sin duda la torre Eiffel. Todo el mundo ha contemplado su silueta, ya sea al natural o en una postal, una revista o en la televisión. Lo que no es tan conocido es que el propio Gustave Eiffel encargó que en los pretiles de la primera línea balconada de la torre se incluyeran los nombres de setenta y dos científicos e ingenieros franceses, o bien que hubieran tenido una honda relación con Francia.

Imagen Jean-Pierre Dalbéra. CC-By.

Uno de los nombres que aparecen en la torre es el del marino, matemático y astrónomo francés Jean-Charles de Borda, conocido como el Caballero de Borda. Una de las expediciones científicas que llevó a cabo Borda tuvo como destino en 1776 las Islas Canarias, al mando de las corbetas La Boussole y L´Espiégle. En esa expedición participaron varios españoles, que se unieron a los franceses en Cádiz, como José Varela y Luis de Argüedas.

Antigua representación del Teide.
Aquella aventura cartográfica (se pretendía levantar una precisa carta de navegación de las Canarias y parte del África occidental), en la que se empleó la más moderna tecnología de su tiempo, había tenido varias expediciones predecesoras, como la que llevó a cabo Louis Éconches Feuillée en 1724 para determinar la verdadera posición de los meridianos de la isla de El Hierro y del pico del Teide con respecto al observatorio Real de París, o las exploraciones de las fragatas L´Isis (1768-1769), que estudió el uso de relojes marinos para determinar la longitud geográfica en el mar, y La Flore (1771-1772).

Louis Feuillée en su expedición de 1724 había realizado una primera medición de la altitud del pico del Teide, que hoy sabemos es de 3.718 metros sobre el nivel del mar. El dato no se intentaba obtener por simple curiosidad, sino que era de vital importancia para obtener un punto de referencia adecuado para las cartas marinas de esa parte del Atlántico. Los métodos trigonométricos empleados en aquella ocasión eran adecuados, pero no así la exactitud de las mediciones realizadas, lo que dio como resultado un error bastante grande, resultando que el Teide tenía una altitud de 4.306,5 metros. La expedición de La Flore realizó otra medición, con un resultado de 3.395 metros. Estaba claro que algo fallaba y debía realizarse una cuidadosa toma de datos para hallar la altitud correcta del pico.

El Caballero de Borda y los miembros de su expedición durante las mediciones de la altitud del Teide. (Musée de Borda).

Llegado el Caballero de Borda a la isla de Tenerife, desplegó todo su arsenal para dar con el valor adecuado. Una parte de la expedición marchó hasta la cima del Teide, lo hicieron armados con barómetros, termómetros, una brújula de inclinación y de declinación, todos ellos instrumentos con los que tomaron datos a lo largo del recorrido para, con una fórmula barométrica, calcular altitudes sobre el nivel del mar. Por otro lado, tomaron los ángulos desde la cima hasta puntos determinados de la isla. Más tarde, realizaron la medición utilizando métodos trigonométricos partiendo de las lecturas desde tres bases, lo que dio finalmente un resultado muy próximo al real: 3.715,583 metros.

Cabe mencionar que la estancia del Caballero de Borda en las Canarias coincidió con una escala de avituallamiento del gran marino inglés James Cook, reuniéndose ambos para comentar algunos aspectos de las experiencias científicas que estaban llevando a cabo en torno a la medición de la altitud del Teide.

Referencia:
Para conocer en detalle los métodos empleados por Borda en aquella expedición, no dudo en recomendar vivamente la lectura del libro “La carta náutica de las islas Canarias del Caballero de Borda (1780)”, obra de Juan Antonio García Cruz. (2017).

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Cuando Australia tenía un (imaginario) mar interior https://alpoma.net/carto/?p=6941 Fri, 04 May 2018 14:30:09 +0000 https://alpoma.net/carto/?p=6941 Leer más]]> Érase una vez un tipo que soñó con conquistar territorios ignotos allá en el gran sur, en el novísimo continente de Australia. Hay que reconocer que tenía voluntad, pasión y, claro está, mucha imaginación. Se trataba de Thomas J. Maslen, que en 1828 publicó una curiosa obra, con varias ediciones posteriores, titulada “El amigo de Australia” (bueno, el título original era un poco más largo y pretencioso: “The Friend of Australia: Or, a Plan for Exploring the Interior and for Carrying On a Survey of the Whole Continent of Australia“). Bien, el caso es que el tal Maslen, oficial retirado de la Compañía Británica de las Indias Orientales, debía tener mucho tiempo libre y una imaginación tamaño factoría industrial.

Su obsesión por Australia le llevó a recopilar todas las historias, mapas, narraciones y cartas marinas relacionadas con la isla-continente que pudo encontrar, para unirlo todo en una especie de plan maestro para colonizar las nuevas tierras al más puro estilo británico. Claro que, como no podía ser de otro modo, a principios del siglo XIX se conocía muy poco del interior australiano y sus costas occidentales. Era todo un desafío, un nuevo mundo que anteriormente apenas había sido tomado en cuenta, si acaso por unos pocos comerciantes, exploradores y las gentes del penal de Botany Bay (lugar que, por cierto, sirve para dar nombre a la nave de Khan Noonieng Singh en Star Trek).

Maslen complementó su libro con cierto mapa desplegable que nos muestran cómo veía él esa idílica Australia, preparada para la llegada de miles de colonos y, por supuesto, previo control de cualquier otro humano visto como “inferior” que por allí se encontrara (el tema de los aborígenes australianos en ese tipo de obras daría mucho que hablar en ese sentido). Veamos una versión inicial del mapa de Maslen.

Mapa de Australia por T. L Maslen, hacia 1830. Pinchar en la imagen para ver ampliado.

Para verlo mejor, he aquí una versión coloreada, que nos muestra la concepción que tenía el autor sobre su idealizada Australia.

Versión coloreada del mapa de Maslen. Fuente: State Library of New South Wales. Pinchar en la imagen para ver ampliado.

La fantasía del antiguo oficial hace unir lugares reconocidos, y reconocibles, a una especie de mar interior unido al Océano Índico a través de un gran río. A fin de cuentas, África tiene el Nilo, Europa el Danubio, América del Sur el Amazonas, en definitiva, cada continente contiene una gran cuenca fluvial que, por supuesto, no debía faltar tampoco en el corazón australiano. Las descripciones de Maslen son tan apasionadas, que parece como si realmente hubiera visto con sus ojos (con su mente seguro que lo vio, soñaba con ello) esos fantásticos paisajes que, en el mundo real, son un desierto que poco o nada tiene que ver con un río muy caudaloso.

Referencias:
The A to Z of the Discovery and Exploration of Australia. Alan Day. Scarecrow Press, 2009. ISBN 978-0810868106.
Sketch of the coasts of Australia and the supposed Entrance of the Great River: principally designed to illustrate the Narrative of M. Baudins voyage on the West and N.W. coasts / T.J. Maslen fecit. Maslen, T. J. (Thomas J.) : Hullmandel, Charles Joseph, 1789-1850: 1831. Consulta: State Library of New South Wales, Australia.

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San Serriffe, la isla tipográfica https://alpoma.net/carto/?p=6918 Mon, 23 Apr 2018 22:05:49 +0000 https://alpoma.net/carto/?p=6918 Leer más]]> Como en otras ocasiones, viajemos en el tiempo para encontrar un mapa singular. Hoy lo hallaremos las añejas páginas de un ejemplar del periódico The Guardian editado el 1 de abril de 1977 (sí, el April Fools’ Day, el día de los “inocentes” en muchos países).

En una de las más geniales bromas geográficas de la historia, dicho periódico publicó un suplemento en el que aparecían todo tipo de detalles de un país imaginario. La broma llegó tan lejos que, en años sucesivos, fue seguida en forma de reportajes, anuncios publicitarios y similares (y hasta una nota de cierto movimiento de liberación de San Serriffe). Naturalmente, la isla de San Serriffe nunca existió, pero su historia es apasionante.

El tipo con pinta de dictador megalómano que aparece en la cabecera de este artículo era el supuesto presidente del lugar (imagino las risas en el estudio fotográfico cuando montaron la broma, tuvo que ser antológico). El caso es que todo en el imaginario país tenía nombres relacionados con la maquetación, la tipografía y las artes gráficas. Naturalmente, cualquier persona que tenga conocimientos en estas áreas disfrutará con el mapa que aparece a continuación, porque todos los topónimos le sonarán…

Muchas personas creyeron que realmente existía la República de San Serriffe, perdida en medio del Océano Índico. El propio nombre de San Serriffe venía del término “Sans-serif”, que es como se define en tipografía el tipo de letra a palo seco, que no lleva remates. Realmente fue una broma muy trabajada, pues el suplemento en el que se publicó abarcaba siete páginas completas, con publicidad y todo.

El motivo de la publicación fue la supuesta celebración de una década de independencia del país. La broma contenía descripciones turísticas, económicas, políticas e históricas. Lo más atractivo, como he comentado, era que todos los lugares mencionados en el mapa y en el suplemento eran familias tipográficas, términos propios de la maquetación periodística o del mundo de las imprentas. La isla situada al norte, Upper Caise, recordaba al término en inglés para las mayúsculas, mientras que la isla del sur, Lower Caise, venía a cuento de las minúsculas. Esa morfología estaba inspirada en las dos islas mayores de Nueva Zelanda, dibujándose San Serriffe con una silueta al modo del símbolo de “punto y coma”. La capital, Bodoni, recuerda una familia tipográfica. En conjunto, la sofisticada broma se ha convertido en uno de los más divertidos casos de uso ficticio de la cartografía.

Más información:
The Guardian: April fool, San Serriffe.
The Hoax Museum: San Serriffe.
Medium, Doug Wilson: The Beautiful Island of San Serriffe.

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